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domingo | 14.03.2010 Actualizado: 10:39
NOTA DE TAPA
El mundo un lugar peligroso
Un alud inesperado barrió una región de Isla Grande, en Brasil, durante los primeros días del año. Para la misma época, el terremoto de Haiti provocaba miles de muertes y conmocionaba al mundo entero. Poco después, la tierra tembló en Chile y en parte de nuestro país y, del otro lado del océano, una inesperada nevada dejó sin palabras a toda Roma. ¿Qué está pasando con el mundo? ¿Por qué los desastres naturales son cada vez más comunes y más feroces? ¿Tiene algo que ver el cambio climático o simplemente se trata de fenómenos que el hombre no puede evitar?
Como si se tratara de una postal apocalíptica o de alguna escena de cine catástrofe, el planeta nos ha mostrado en este último tiempo la peor cara de su furia natural. Los terremotos han sido responsables del 60% de las muertes provocadas por desastres naturales en la última década, según las Naciones Unidas, donde se estima además que en los últimos 10 años han ocurrido unos 3.800 desastres naturales que costaron la vida a más de 780 mil personas. ¿Algo está pasando con el mundo?
"Hay sucesos que tienen que ver con la intervención del hombre, que son los que están directamente ligados al calentamiento global -explica Eugenio Ersani, experto en cambio climático-, pero hay desastres naturales que nada tienen que ver con el hombre. Y es el caso de los terremotos, que son ajenos a la actividad del hombre y por lo tanto no se pueden evitar".
Según el especialista, la única manera de detener casi por completo la actividad sísmica "sería suspender los procesos convectivos del interior de la Tierra, impidiendo el movimiento relativo de las placas listosféricas. Sólo se producirían entonces los sismos pequeños causados por el peso de las montañas y los derrumbes en minas y cavernas, que no generan ondas sísmicas de peligro. Pero eso es tecnológicamente imposible".
Lo que dice Ersani no deja de inquietar, sobre todo si tenemos en cuenta que ocho de las ciudades más pobladas del planeta están construidas sobre fallas de la corteza terrestre. "Por suerte los terremotos no ocurren tan a menudo -opina el experto-, pero son los que matan a un gran número de personas en cuestión de segundos. Tienen un impacto muy fuerte, sobre todo cuando suceden en países como Haití, donde la infraestructura es muy pobre".
Claro que el de los terremotos o tsunamis son algunos de los tantos ejemplos de peligro e incertidumbre que el mundo nos está dando en este último tiempo. Hace apenas unos días, por ejemplo, una intensa nevada cayó sobre Roma y generó un fenómeno que, en esas proporciones, no ocurría en esa capital europea desde hacía más de dos décadas.
Distinto y peor fue lo que ocurrió a principios de este año en la ciudad-balneario de Angra dos Reis, cercana a Río de Janeiro, donde un alud dejó más de 20 muertos. Al parecer, el alud sobrevino después de que se produjeran diversas lluvias y cuando los turistas regresaban a sus habitaciones tras celebrar el Año Nuevo. Las autoridades de esa región dijeron que casi 80 deslizamientos de tierra se habían reportado en la región y que 20 casas estaban en riesgo.
Ante esto, los expertos del mundo hace tiempo que vienen tomando las medidas necesarias como para hacerle frente a catástrofes cada vez más intensas y repetidas. En el noroeste del Pacífico, por caso, donde las fallas en altamar podrían generar un tsunami tan grande como las olas gigantescas que ya se produjeron en el Sudeste Asiático, las autoridades crearon "mapas de inundación" para saber con mayor precisión qué pasaría en una inundación y actuar en consecuencia.
Ante la amenaza de los terremotos, en tanto, los edificios en la costa oeste de EE.UU. hoy están diseñados de manera tal de poder balancearse sobre sus cimientos. Claro que eso ocurre en un mundo que dispone de los recursos tecnológicos para hacerlo. Pero hay otro, el pobre, que parece no poder hacer nada ante los designios furiosos de la naturaleza. Ejemplo de eso son regiones como Estambul, Teherán, Nueva Delhi y otras ciudades cada vez más densas y con construcciones de mala calidad, que según los especialistas pueden convertirse en escombros de la noche a la mañana.
Cuando un terremoto afectó la antigua ciudad iraní de Bam en 2003, por ejemplo, más de 26 mil personas fueron aplastadas por sus propias casas. Varios expertos en terremotos hablan de la "brecha sísmica" cuando describen esta diferencia entre la capacidad de las ciudades ricas y las pobres para soportar el daño causado por un terremoto. De todas maneras, las autoridades electas y las agencias dedicadas a los desastres, tanto públicas como privadas, siguen concentradas en responder a las catástrofes en lugar de lograr, en primer lugar, que las sociedades sean más resistentes.
Según un estudio reciente de Tearfund, una agencia de ayuda cristiana, menos del 10% del dinero invertido en ayuda para desastres por parte de organismos gubernamentales e internacionales es destinado a medidas preventivas. De acuerdo a ese estudio, Mozambique, al anticiparse a una inundación mayor en 2002, solicitó US$ 2,7 millones para realizar algunos preparativos de emergencia básicos. Recibió sólo la mitad de esa cantidad de parte de organizaciones internacionales. Después de la inundación, esas mismas organizaciones terminaron comprometiendo otros 550 millones de dólares en asistencia de emergencia, rehabilitación y financiación para la reconstrucción.
Para Ersani, que trabajó en la India hace unos años asesorando a un equipo de rescatistas, las personas "tienden a ignorar ciertos desastres inevitables, ya sea porque demoran varios años en producirse, como ocurre con el calentamiento global, o porque sencillamente son muy raros, como el tsunami".
Considerado, la "otra" catástrofe en ciernes, el calentamiento global _provocado por el hombre con la emisión de gases de efecto invernadero_ también redunda en más desastres naturales. Los elevados índices de estos gases producen un aumento del nivel del mar, mayor frecuencia e intensidad de precipitaciones, olas de calor que generan la transmisión de enfermedades infecciosas, derretimiento y retroceso de glaciares y procesos de desertificación. Desde el Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia, se informó hace poco que en Bangladesh las tasas de mortalidad como consecuencia de las inundaciones bajaron marcadamente desde los años 70, principalmente porque adoptó medios sencillos para trasladar a la gente a zonas más altas. Pero también mencionó otra clase de cataclismos que no reciben atención de los medios: la malaria, el sida, las pérdidas de cultivos e incluso el calentamiento global.
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