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domingo | 14.03.2010 Actualizado: 07:19
POR EL AUMENTO DE LA INFLACION
Nubarrones para la política cambiaria
Para el kirchnerismo mantener el "tipo de cambio competitivo" es un valuarte económico. Hoy el costo de vida lo pone en jaque
El reconocimiento por parte del Banco Central de un aumento del 1,2 por ciento en el índice de precios minoristas de febrero no sólo marcó el indicador más alto de los últimos cuatro años. También encendió luces amarillas para una de las columnas vertebrales sobre la que se fundamentó el modelo económico del kirchnerismo.
En efecto, mantener el tipo de cambio "competitivo" respecto al dólar, permitía al mismo tiempo sufrir leves devaluaciones de peso respecto a las dos monedas más importantes para el intercambio comercial argentino, es decir el euro y el real, que fueron apreciándose en relación a la moneda estadounidense.
Ya el año pasado, la inestabilidad financiera internacional, hizo que esta premisa se viera afectada por la caída de la credibilidad respecto a la situación en la Argentina, lo que se tradujo en una drástica fuga de capitales durante parte del 2008 y todo el 2009 y que recién cedió en octubre del año pasado, cuando los precios récords de los commodities habían terminado.
Esta misma situación se reprodujo en febrero de este año, cuando se estima que se perdieron 1.200 millones de dólares de ahorristas argentinos, que optaron por sacar su dinero de donde lo tenían colocado para pasarse a la moneda estadounidense y dejarla fuera de los circuitos de ahorro.
UN CLASICO
La compra de dólares ha sido una tradición entre los argentinos durante décadas. No sólo pequeños ahorristas se pasaban al dólar para mantener el valor de su dinero. A diferencia de los que sucede en otros países del mundo, incluso entre algunos de nuestros vecinos que también aún tienen fresco procesos inflacionarios, los argentinos usan a los dólares para ahorrar y muchas veces lo dejan en cajas fuertes de los bancos. Es decir usan al dólar como reserva de valor. Eso aún cuando el año pasado la evolución del dólar estuvo muy lejos de alcanzar el rendimiento del euro, y mucho menos de los bonos y las acciones.
En lo que va del año, la situación no es mucho mejor, ya que el dólar se ajustó apenas 5 centavos de 3,83 a 3,88 pesos, es decir un 1,31 por ciento, muy por debajo de lo que lleva ganados en dos meses y medio muchos títulos y acciones e incluso del rendimiento de un plazo fijo.
Por eso es tradicional que la demanda de dólares en Argentina suba apenas se puede apreciar la primera inestabilidad económica o financiera. Sin embargo, la política del Banco Central fue atender rápidamente este exceso de demanda, aún a costa de perder reservas, que finalmente recuperaba debido a su desahogada situación de balanza comercial.
COMPLICACIONES
Si bien este esquema se ha mantenido, porque en los últimos años comienza la época de la cosecha y los exportadores optan por vender, provocando la estacional suba de oferta de las divisas, que arrastran al valor del dólar y, al mismo tiempo, permiten al Banco Central adquirir reservas.
Esto fue lo que pasó esta semana, donde durante el lunes y el martes el Banco Central debió intervenir activamente para frenar la escalada en el valor del dólar, pero luego, ante un brusco giro de tendencia, también debió salir a comprar para consolidar las tenencias y no permitir que el valor se salga de cauce, esta vez para abajo.
Esta política le permitió claramente al Banco Central acumular casi 48.000 millones de dólares de reservas y mantener encorsetado el valor del dólar.
Al mismo tiempo este corset, sirvió de freno a la escapada de los precios internos, porque las compras de billetes no era expansiva ya que se hizo al mismo tiempo que se emitieron letras para esterilizar estas emisiones y no aumentar la base monetaria.
Sin embargo la brusca suba de la inflación rompe parcialmente algunas de estos fundamentos, porque está provocando un paulatino atraso cambiario, al generar una suba de precios por encima de la corrección cambiaria. Al mismo tiempo esto genera pérdida de competitividad de los productos argentinos y un riesgo cierto de posible pérdida de mercados.
Si bien, por ahora se trata apenas de la punta del iceberg de una situación potencialmente compleja, es necesario que el valor del costo de vida se alínea con el resto de las variables económicas, porque se corre el riesgo de que el viejo axioma kirchnerista de un dólar competitivo, deje de ser una realidad.
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