-¿Existe un sonido "indie" hoy?
-Para mí se rompió un poco, en un momento fue la música "alternativa" al mercado. Después se usó la palabra para asociarla con ese pop medio post-Radiohead, como Jaime Sin Tierra, Bauer o Interama. Y después se abrió un poco, y aparecimos nosotros. Ahí se rompió, pero se mantuvo cierto espíritu, un modo de producción y cierta búsqueda más allá del cliché clásico del rock nacional (Santiago).
-El Mató tiene letras muy breves, que tienden a repetirse. ¿Puede haber un cambio en la lírica?
-En el último disco rompimos un poco con eso (Willy). -En "Navidad de reserva" y en "Un millón de euros" se hablaba de eso, de las letras cortas, y me gustan, pero tampoco quiero que queden como una marca del grupo o encasillarme en eso. Estuvo bien, pero puede cambiar. Siempre fantaseo con hacer cosas hiper-complejas, romper un poco con lo que estamos haciendo y hacer algo más barroco, con más partes; pero a veces los que hacen cosas así fantasean con cosas simples, así que es algo que puede ir y volver (Santiago).
-Los han emparentado muchas veces con el "kraut-rock" de los '70 ¿Escuchan esa música?
-Escuché un montón, me gusta mucho (Willy). -Si los puristas escucharan El Mató, no dirían que es kraut. Cuando nos preguntan qué hacemos, nos gusta inventar definiciones, como "kraut-campestre" (Santiago). -Para las bases tomo mucho del kraut-rock; lo que pasa es que nosotros hacemos un formato canción. Stereolab también tiene ese ritmo. En el Primavera Sound tocó el guitarrista de Neu! con el baterista de Sonic Youth y un bajista. Fue una clase de kraut (Willy).
-Ustedes suelen acelerarse, después bajar. ¿Esa influencia la tomaron también del sonido motorik... o se van de tempo?
-No, no, es buscado. Fue surgiendo, como en "Chica rutera", que sube y baja, se dio de forma espontánea (Willy). -De todos modos, no nos gusta tampoco grabar con metrónomo... Nos gustan las desprolijidades, que forman parte de todo (Santiago).
-Cuando empezaron a tocar se autodefinían como "punk-espacial".
-Porque no éramos punks ni espaciales, era un término medio. Para "espaciales" éramos punk y para el punk, espaciales (Santiago).
-¿De dónde surge el tono apocalíptico del último EP? ¿Es un chiste o realmente les interesa esa temática?
-Mi hermano era muy fan del cómic, y después de las películas más clase B o extremas. Recuerdo haber visto con él "Los Muertos Vivos" o "Usurpador de Cuerpos", cosas que terminan mal, es el fin y no hay solución. Nos interesa el tema, pero siempre en la poesía de la banda intentamos esquivar lo solemne; si bien abordamos cuestiones como el fin del mundo -que es algo solemne-, en algún momento tiene que haber un guiño a lo contrario, para que se rompa un poco eso. El próximo disco, por ejemplo, no va a ser tan conceptual como los anteriores; usar un concepto como disparador de ideas es divertido, sirve, pero al mismo tiempo te encierra (Santiago).
-¿Dónde piensan grabar?
-En Panda. Ahí grabó una banda amiga, Go-Neko!, y está bueno. También grabaron los Crema del Cielo. Igual te cobran mil pesos las diez horas, algo así, es caro... Siempre grabamos en La Plata en forma casera, y nos gusta, pero ahora queremos probar en un estudio más grande; la idea sería experimentar con nuevas herramientas a ver qué onda. Cuando tenes más margen de acción a nivel sonoro supuestamente es mejor, y el objetivo final es más fácil de encontrar. De todos modos, amo el low-fi, y siempre lo voy a hacer, porque lo más importante son las canciones; hay una situación muy común, que es un músico preguntándole a otro "¿Y, escuchaste mi disco?", y le contestan "Sí, está re-bien grabado"... Significa que suena todo perfecto, pero el contenido es pésimo. Lo primordial es hacer buenas canciones y arreglos (Santiago).
-¿Sigue teniendo sentido editar en CD?
-Está bueno editar en forma virtual y en CD, porque nos gusta, y porque si vendés discos, algo ganás. Vendemos discos en los recitales, en las disquerías, de acá y del interior (Santiago).