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domingo | 25.07.2010 Actualizado: 03:49
Confesiones de un lotófago
En su antiguo departamento de estudiante, donde hoy vive con su familia,
Gonzalo F.
, un ingeniero agrónomo, recrea paso a paso el proceso para extraer el principio activo de las flores del floripondio. Alguna vez hace cinco años se preocupó por aprenderlo bien para experimentar sus efectos junto a un amigo. Desde entonces, confiesa, nunca más se le ocurriría repetir "semejante estupidez".
"Fue una de las cosas más desagradables que viví en mi vida. Creíamos que íbamos a `flashear`, pero en lugar de eso lo que vivimos fue una pesadilla que duró dos días. Estábamos en la quinta de mi amigo y apenas tomarnos el té y comernos unas flores, los dos empezamos a sentirnos mal. Se nos dio vuelta el estómago. Al principio no parábamos de vomitar y después quedamos como estúpidos", describe.
"Aunque yo sólo llegue a tener la vista borrosa, mi amigo se quedó ciego durante un rato. Pero eso no fue lo peor, de golpe todo se volvió amenazador; la heladera, el perchero, las ventanas. Nos quedamos encerrados casi todo ese día porque estábamos aterrados y el efecto no se iba más", cuenta.
"No me acuerdo si dormimos algo, pero al otro día, aunque ya no era tan fuerte, el efecto seguía. No podía caminar bien y cuando intenté comer algo, me llevaba el tenedor a la boca y me volcaba toda la comida encima porque no lograba coordinar los movimientos. ¿Si vi cosas? Sí, vi cosas horribles que ni siquiera podría explicar".
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