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domingo | 29.08.2010 Actualizado: 11:04
NOTA DE TAPA
Sobrevivientes
La aparición con vida de un grupo de mineros chilenos atrapados por un derrumbe a 700 metros de profundidad conmueve al mundo entero mientras crece la expectativa por un operativo de rescate inédito que los obligará a permanecer entre tres y cuatro meses bajo tierra. En esta nota, sobrevivientes de otras situaciones extremas y especialistas analizan cómo se viven esas experiencias límite, cuál es su impacto físico y psicológico y cuáles son los factores que se consideran clave para superarlas.
Al principio fue la emoción. Los 33 mineros cuya suerte mantenía en vilo desde Chile a todo el mundo tras el derrumbe de la mina en la que trabajaban, aparecieron con vida el último domingo. El escueto mensaje "estamos bien en el refugio los 33" recibido por los rescatistas a través de un mínimo conducto no sólo desató la alegría, sino que abrió el compás de espera de un delicado operativo de restace que podría demandar entre tres y cuatro meses. La situación planteada abre numerosos interrogantes en el marco de una acción que, por su magnitud, no conoce antecedentes. Y puso en debate a esas situaciones límite en las que el ser humano saca lo mejor de sí ante el riesgo de perder lo único que en ese momento le queda: su propia vida.
Especialistas en supervivencia, en medicina aeroespacial, psicólogos y protagonistas de otras experiencias límite que sacudieron al mundo en los últimos años sumaron sus voces al debate: ¿cuáles son los factores capaces de mantener durante largo tiempo el ánimo de las víctimas de un hecho de estas características? ¿Con qué rutinas afrontar la larga espera de los rescatistas? ¿Cómo manejar la relación con los familiares que esperan afuera? ¿Cómo afrontar el no menos difícil momento posterior al rescate, el de la vuelta a una sociedad que recibe a los sobrevivientes como a héroes y para quienes la vida ya nunca será la misma?
La crónica internacional de los últimos años enumera varios hechos en los que, durante largos períodos, grupos de personas se debatieron entre la vida y la muerte, logrando superar el difícil momento a fuerza de una mezcla de voluntad y organización.
El caso más emblemático, quizás, lo representa el de los 16 jugadores de rugby uruguayos que sobrevivieron 72 días en las heladas cumbres de la cordillera de Los Andes después de que cayera el avión que los trasladaba desde Montevideo a Santiago para jugar un partido. El hecho, en el que murieron 29 personas y los sobrevivientes se alimentaron de carne humana, se instaló definitivamente como uno de los grandes relatos contemporáneos, recreado en más de una ocasión por el cine y la literatura.
Pero no fue el único. En el año 2006 dos mineros australianos lograron sobrevivir 14 días en una jaula de acero de 1,2 metros de ancho por 3 de alto a un kilómetro de profundidad tras el derrumbe de la mina en la que trabajaban. Y hace 13 años, el astronauta norteamericano Jerry Linenger logró sobrevivir junto a un grupo de astronautas rusos en situación de aislamiento extremo cuando se produjo un incendio en la estación espacial rusa Mir, por entonces ya vetusta, tres meses antes de la llegada del relevo.
Cuando se refieren a sus experiencias personales, los protagonistas de estas historias subrayan distintos factores que fueron cruciales para sobrevivir en el umbral de la muerte y en medio del mayor de los aislamientos. Desde los más obvios, como el mantener la esperanza, la voluntad u organizarse, a otros insospechados, como conservar el sentido del humor y tener siempre a mano una canción para cantar en los peores momentos.
PREMISAS BASICAS
Horacio Antonetti es platense, médico deportólogo y especialista en deportes extremos cuya práctica entraña conocimientos de supervivencia, opina que "para el deportista extremo, las estrategias de supervivencia varían de acuerdo al deporte que practican y al escenario por el que se mueven. Con todo y más allá de que el desierto, la selva y la montaña pueden plantear situaciones muy diferentes que exigen respuestas distintas, hay premisas que resultan básicas para todas estas situaciones".
¿Cuáles son esas premisas? La primera es la de mantener en actividad los cinco sentidos: "tomemos es caso de los mineros atrapados en Chile. Es fundamental que cuenten con iluminación del lugar donde están por lo menos en algunos momentos del día y aunque sea de a ratos para ejercitar la vista", explica.
Otra de las pautas básicas tiene que ver con la alimentación y la hidratación: "lo ideal sería que las personas que atraviesan circunstancias de este tipo consuman entre 1 y 2 litros de agua por día cada uno y entre 1.000 y 1.200 calorías al alimentarse y se mantengan en movimiento", dice Antonetti.
Con todo, la parte psicológica resulta especialmente importante: "siempre que se habla de supervivencia se hace especial hincapié en el aspecto mental y el consejo es mantener a la persona ocupada en actividades positivas: ya sean actividades lúdicas o por ejemplo, escribir cartas a la familia.
DRAMATICA ESPERA
Muchas de estas acciones ya se llevan a cabo en el caso de los mineros chilenos, según los detalles brindados por el ministro de Salud de ese país, Jaime Mañalich. El funcionario indicó que tras la euforia de haber hecho contacto con los rescatistas y la noticia de que el rescate demandará meses, se espera que los mineros pasen de su actual estado de ánimo alto a un período de depresión, de angustia y decaimiento.
"Estamos preparando fármacos para ellos porque sería ingenuo pensar que van a ser capaces de mantener este tremendo ánimo que nos han mostrado durante tan largo período de tiempo", agregó el ministro.
El gobierno es consciente de que hay que trabajar en todos los aspectos -físicos y sicológicos- para que los mineros salgan bien de esta situación. El plan contempla estrategias para tenerlos ocupados y un programa de ejercicios físicos que facilite la salida por el ducto que se construirá para sacarlos dentro de tres o cuatro meses, uno a uno, desde los 700 metros de profundidad donde se hallan y sometidos a una temperatura de alrededor de 36 grados.
Mañalich explicó que tras una primera etapa de "recuperación nutricional", comienza una especie de terapia ocupacional para ellos, que se les comunicará a través de las sondas.
Los mineros ya recibieron cuestionarios de evaluación médica y recipientes para tests de orina, tensiómetros y termómetros para saber con más precisión sobre su estado de salud.
A los mineros se les pidió, además, delimitar sus zonas en tres: una para descanso, otra para trabajo y otra para desechos.
En el interior del yacimiento los mineros tienen un espacio para moverse de unos 1,5 km de extensión y están sometidos a altas temperaturas y humedad. En el tiempo que dure su rescate sólo se iluminarán por medio de linternas.
"El programa incluye cantos, juegos con movimientos, naipes, lápices y todo lo que pueda ser utilizado por ellos", explicó Mañalich.
HUMOR, MUSICA Y MOMENTOS DE SOLEDAD
Cuando recuerda la odisea que le tocó vivir en el año 2006, el minero australiano Todd Russell asigna un valor fundamental en su voluntad y la de su compañero -únicos sobrevivientes del derrumbe- a la canción "The Gambler", de Kenny Rogers, única de la cual ambos conocían la letra y que les permitió mantener la moral alta en los peores momentos de su odisea.
"El humor es clave para mantener la cordura en este tipo de situaciones. Nos apoyábamos mutuamente, nos alentábamos para reir, hacer chistes. Y también para llorar", recuerda Russell.
Para el astronauta norteamericano Jerry Linenger mantener la esperanza resultó tan importante -en los peores momentos que le tocó vivir aislado en el espacio con la estación orbital rusa MIR amenazada por un incendio- como disponer de un rincón en el cual poder aislarse y estar en soledad, alejándose de sus compañeros de aventura cada tanto.
Al analizar la situación de los mineros chilenos, Roberto Canessa, sobreviviente de la tragedia de Los Andes, dice que se parece a la odisea que le tocó protagonizar porque "es la situación de despojamiento máximo del hombre. No puedes perder más porque lo único que te queda es la vida. Todo lo demás lo perdiste y tienes que hacerte amigo de la vida. Si usas la lógica estás muerto, pero allí aparecen hombres capaces de sobreponerse a la tristeza y aportar humor".
Según el uruguayo, para evitar la "desesperación" es bueno "vivir un día a la vez" y no pensar en lo que queda por delante. Ocupar el tiempo, hacer cosas, arreglar una luz, organizar tareas, cuidar el abrigo, ayuda a llevar mejor la situación", recordó.
En opinión de Canessa, cuando logren rescatarlos, los mineros "serán considerados héroes, resucitados". Y advirtió de que "el fenómeno de la popularidad los va a afectar, porque van a pasar de estar dentro de una mina a ser personajes nacionales".
En tanto, para Gustavo Zerbino, otro de los sobrevivientes de Los Andes la "paciencia y la confianza" resultan aspectos fundamentales para enfrentar una situación límite del tenor de la que les toca vivir a los mineros chilenos.
"El ser humano es extraordinario cuando tiene que vivir momentos difíciles", opinó Zerbino, quien agregó que también va a ser difícil la vuelta a la sociedad.
"Cuando nosotros volvimos no pudimos ser personas normales, para todo el mundo éramos superhombres, pero somos personas comunes y corrientes que nos tocó vivir algo extraordinario. Habrá que apoyarlos, entonces, en este proceso de volver a la vida normal. Estos hombres van a pasar tres meses enterrados ahí, que para ellos va a ser mucho más tiempo del que nosotros nos imaginamos", añadió Zerbino.
Precisamente la distorsión de la percepción del tiempo que pueden llegar a sufrir los mineros a medida que se prolongue su estadía en aislamiento preocupa a los especialistas.
"En el caso de los mineros, luego de tantos días sus ritmos circadianos seguramente no estarán sincronizados y estarán viviendo jornadas bastante diferentes a las normales, que corren a su propio ritmo, que se aleja paulatinamente del día solar según indica Diego Golombek, especialista en regulación de ritmos biológicos. Esto puede provocar alteraciones del sueño a las que el aislamiento puede sumar mecanismos regresivos derivadas de una situación de traumatismo emocional severo.
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