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domingo | 05.09.2010 Actualizado: 08:11
EDUCACION MIXTA
El cambio de rumbo adoptado en los colegios privados, 15 años después
Escuelas que se abrieron a alumnos de otro sexo analizan su experiencia frente a nuevas teorías que defienden el modelo anterior
Con casi el doble de varones que de chicas, el segundo curso de Naturales del Misericordia hace olvidar por momentos que durante casi un siglo su colegio fue exclusivamente para mujeres. Así de consolidada se encuentra hoy una transformación que empezó en las escuelas privadas a fines de los noventa y que este año completará un ciclo: desde muchas de esas instituciones tradicionales egresarán en pocos meses las primeras promociones de alumnos que atravesaron toda su educación -del jardín a la secundaria- bajo un modelo mixto.
¿Cómo resultó sin embargo la experiencia? Mientras que las autoridades educativas no dudan en calificarla como "altamente positiva", nuevas teorías pedagógicas que han empezado a asomar en los últimos años sostienen que, después de todo, el modelo anterior tenía sus ventajas. Y que éstas han podido comprobarse estadísticamente en el mejor rendimiento que logran chicas y chicos en ciertas materias cuando son educados por separado.
Sin desconocer tales teorías, los directivos de colegios que se transformaron por entonces en mixtos aseguran en general que hoy ni siquiera consideran la posibilidad de dar marcha atrás en su decisión. Pero admiten a su vez que en su momento se enfrentaron a grandes dudas.
En el Misericordia, por ejemplo, la decisión de volverse mixto tras noventa y seis años de aceptar sólo a mujeres fue sometida a una consulta con la comunidad de padres; y en el San José de La Plata se la emprendió muy lentamente de manera progresiva a lo largo de años. Pero lo cierto es que la inmensa mayoría escuelas privadas que decidieron abrir por primera vez sus puertas a alumnos de otro sexo lo hicieron en un contexto económico social que parecía arrastrarlos.
"Se dio un fenómeno que no puede dejarse de lado -reconoce Carlos Alberto León, el representante legal del San José-: en medio de cierta crisis en la matrícula, muchas familias con varios hijos entre varones y chicas empezaron a plantear que no querían llevar a unos y otras a distintos colegios; y esos reclamos abrieron las puertas al cambio".
"Sin duda lo económico influyó -admite por su parte Crisanto García, director de la misma institución- Para cualquier escuela ofrecer un servicio más amplio resulta ventajoso. Pero también se dieron otras necesidades, y entre ellas la de acompañar un proceso de integración que se estaba dando en la comunidad".
Acaso por esas mismas razones, el proceso resultó arrasador. En apenas cinco años -entre 1996 y 2001- 111 escuelas privadas de la Provincia y otras 50 de la capital federal se convirtieron en mixtas. Fue el momento cúlmine de una transformación que -como señala Héctor Reynoso desde la Asociación Civil de Institutos de Educación Privada- "había empezado a darse a nivel estatal cuatro décadas antes" y que hizo que las aulas sólo para chicos o chicas resulten hoy excepcionales.
EL RENDIMIENTO EN LA MIRA
Con cuarenta años en el San Luis, Edgar Barrales es uno de los directores que están convencidos de que se trató de un cambio "altamente positivo". Para él, que fue testigo directo de ese proceso, "un colegio absolutamente de varones o mujeres es hoy una irrealidad con respecto al contexto social".
"Las mujeres trajeron un poquito de contención y sosiego a los varones en cuanto al comportamiento; pero además, por tener en general un mejor rendimiento, aportaron también algo en ese aspecto", dice el profesor Barrales desde el San Luis, donde la matrícula del secundario -catorce años después de que se volviera mixto- está compuesta hoy en un 35% por chicas.
Lo mismo señala el profesor Crisanto García, al frente del San José. "La incorporación de chicas hizo que los varones se atemperaran un poco, pero eso fue sólo al principio. Hoy lo que se percibe es una total naturalidad en el trato entre unos y otras", dice.
En cuanto al impacto que tuvo el cambio en el desempeño escolar, el director del San José -cuya matrícula incluye un 40% de mujeres- admite no estar seguro. "Es difícil decir si trajo o no beneficios en ese sentido; lo que pasa es que en los últimos años el rendimiento escolar se ha visto afectado sobre todo por cambios sociales. Hoy los alumnos tienen en general una menor dedicación que antes, pero eso no tiene nada que ver con el hecho de que varones y mujeres estudien juntos".
El rendimiento escolar constituye precisamente el Talón de Aquíles que los defensores de la educación diferenciada observan en el modelo mixto. Distintos estudios estadísticos realizados en Europa y Estados Unidos muestran que al introducir chicas en las escuelas de varones el nivel de violencia baja y el rendimiento académico sube. Pero al llevar varones a una escuela de mujeres, las chicas ceden su papel protagónico en el aula y obtienen peores resultados en materias "masculinas", como matemática y ciencias duras.
Sin embargo, el hecho de que existan diferencias en las formas en que varones chicas incorporan ciertos conocimientos -objetan algunos pedagogos- no tiene por qué ser una desventaja del sistema mixto si se las trabaja con mayor atención. Por otra parte, dicen, "lo que cuenta no es sólo el rendimiento escolar".
NO SOLO MATERIAS
Tras haber atravesado las primeras etapas de su formación en escuelas sólo para mujeres, Lorena Padró recuerda las "dificultades" que tuvo para acostumbrarse al ambiente mixto de la universidad. De ahí que hoy se muestra satisfecha de poder ofrecer a los alumnos del Misericordia, el colegio que dirige, una formación "lo más parecida a la realidad que van a encontrar después. Porque la vida es mixta", dice.
Frente a las teorías que hablan de un menor rendimiento en las escuelas de mujeres que se volvieron mixtas, la profesora Padró pone el énfasis en otros resultados de la experiencia que comenzó a recorrer su institución en 1996. El hecho de que convivan en el aula varones y mujeres hace que "los conflictos intergrupo se resuelvan con más facilidad. Como unos y otras tienen intereses y perspectivas distintas, se equilibran las miradas y los conflictos bajan. Es una cuestión de complemento natural y eso se ve", explica.
Si la escuela debe ofrecer una formación integral, "la experiencia de la integración entre chicas y chicos viene muy bien, porque permite que aprendan a relacionarse entre ellos con mayor naturalidad", dice el profesor García desde el San José. Casi con las mismas palabras lo expresa su par del San Luis: "el colegio mixto promueve una relación de compañerismo entre varones y mujeres que se mantiene después a lo largo del tiempo", señala Barrales.
¿Pero que piensan los propios chicos? Al plantearle la pregunta de qué modelo considera mejor, Micaela Ortiz (17) responde, al igual que sus compañeras y compañeros de clase, con una carcajada; intenta ponerse seria por un segundo pero se vuelve a reir. Finalmente cuando logra contenerse pide disculpas y explica que ni siquiera se imagina cómo sería: "Es que me parece tan ridículo..."., dice.
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Quince años después de que el Colegio San Luis se volviera mixto, la matrícula en su secundario se compone hoy en un 35% por chicas; una realidad que hace olvidar por momentos que durante muchos años fue un colegio exclusivo para varones.
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