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domingo | 05.09.2010 Actualizado: 10:02
CONTRATAPA
El amor está caro
Por Alejandro Castañeda
Muchos no se casan porque es muy caro. Y muchos otros no se divorcian por lo mismo. Es que el amor, tanto en el triunfo como en la derrota, se ha puesto muy costoso. Dinero y sentimientos siempre apuntalaron la vida hogareña. Desde los tiempos de la dote, el oro y la pasión suelen meterse juntos en la cama matrimonial. Pero ahora el divorcio y más que nada la liquidación de lo que dejó el matrimonio, ha pasado a ser un percance sustancial al momento de repartir bienes y reproches. La plata por suerte muchas veces termina achicando enojos, cicatrizando lastimaduras y aliviando agravios.
Como cada vez gravitan más sobre el casamiento cuestiones académicas que lo exceden o, al revés, que ni lo rozan, la justicia se ha venido encargando de reparar hasta donde puede el dolor que significa ser abandonado. No es la única: la medicina hace tiempo busca algún tratamiento que pueda curar de metejones; los psiquiatras norteamericanos Michel Leibowitz y Donald Klein acuñaron el término de disforia histeroide para hablar de aquellas personas que caen bajo el influjo de pasiones desmedidas.
La psicología siempre tiene salvoconductos para explorar lo más secreto y darles algunas respuestas a los ninguneados. Y como el amor es identificado como un desequilibrio químico fatal, los laboratorios también se la pasan buscando preparados que puedan domesticar a conquistadores insaciables y cónyuges traicionados.
A la justicia, entonces, no le queda otra que involucrarse cada vez más en los desafueros del corazón, tratando de que la jurisprudencia cuantifique conquistas, traiciones y aburrimientos.
Esta semana se supo de un par de separaciones cinco estrellas que acabarán castigando el patrimonio de dos adictos al sexo: Silvio Berlusconi y Tiger Woods.
Tiger, es cierto, no exhibió el descarado pavoneo de Il Cavaliere. Pero al trascender la cantidad de amoríos que hacían más llevaderos sus días, no le quedó otra, para calmar esposa y sponsors, que autocalificarse de enfermo y salir a pedir cama en la clínica que atiende amantes empedernidos.
La señora de Tiger, mientras tanto, sacó cuentas y su desdicha ya se cotiza por encima de los 150 millones de dólares, una de las congojas mejor remuneradas. Estas multas sancionan a los descuidados y dejan a muchas engañadas en una inmejorable posición a la hora de salir a buscar revancha. Elin Nordegren, de ella se trata, le dijo esta semana la revista People que su vida, desde que lo supo todo, fue un infierno, que sigue amando al padre de sus dos hijos, pero que no lo soporta más a su lado. Parece que no fue suficiente que Woods se mostrara sinceramente arrepentido, que concurriera a una clínica para que lo apacigüen, que retornara a la religión y que dejara de embocarla en green ajenos. La buena señora espera días mejores. Y acaso a partir de este colosal reembolso su infierno empiece a ser más soportable.
Lo de Berlusconi es más complicado. Verónica Lario, su ex, va por casi todo. Llevan casados 20 años y tienen tres hijos en común. En mayo, la pareja alcanzó un acuerdo para separarse de manera consensual: Lario obtenía 300.000 euros al mes y el uso de la villa Belvedere, donde ella vive desde hace 20 años. Pero esta semana, sin embargo, la mujer cambió de idea y rechazó el pacto. Nada de separación consensual. Pide 250 millones de euros para empezar a calmarse y mudarse del purgatorio. El juicio promete ser largo y tenso, porque ambos presentarán documentos en los que se acusan de traiciones recíprocas.
Las billeteras, como se ve, no sólo matan galán, también pueden eliminar broncas, vergüenzas y pesares. Con tanto millonario insaciable y tanto desamor indemnizado, la justicia debería sacar un tarifario a la altura de estos desvíos, cosa de que en lo sucesivo la gente de fortuna vaya ahorrando, aún los más felices, para atender eventuales tentaciones de última hora. Silvio y Tiger ya lo saben: la trampa y el perdón se pagan, pero el infierno se ha puesto carísimo.
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