Un busto que no está acorde con la contextura física de una mujer genera complicaciones corporales y malestares, tales como dolores de espalda, problemas de columna, excesivo peso y hasta dolor pre-menstrual exagerado.
Por otra parte, trae otro tipo de inconvenientes como no conseguir ropa adecuada y trajes de baño porque no hay talles; no poder usar determinadas remeras o vestidos, e incluso no poder hacer actividad física. Como secuela, se desprenden problemas de índole social y psicológico.
¿Cuánto es mucho en una mujer? Esto es relativo, y varía de acuerdo al bienestar de cada paciente. Sin embargo, podemos decir que más de 100 centímetros pueden incomodar, y el ideal es 95.
La doctora Vilma Padín, especialista en Medicina Estética y Cirugía Cosmética, describe que "la operación consiste en la reducción glandular que se realiza en forma de cuña y que va acompañada de la resección de la piel correspondiente. La cicatriz que queda es en forma de `T`. Luego de la intervención, el post operatorio requiere de cuidados especiales que se indicarán para cada paciente en particular, para que la cicatrización se realice de la manera correcta, evitando golpes y manteniendo el reposo adecuado".
"En los controles posteriores a la cirugía, las pacientes manifiestan que la operación les modifica su calidad de vida en muchos aspectos, y no solo lucen mejor su ropa, pueden caminar más derechas y los breteles no les lastiman la piel, sino que también mejoran su autoestima y su confianza. A su vez, retoman actividades que antes descartaban, como hacer gimnasia, y se relacionan de un modo distinto con su entorno social", agrega la especialista.
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