EDITORIAL

Se deben hacer esfuerzos para reducir la tasa de accidentes de moto 



La cifra de un muerto cada tres días por accidentes de motos en nuestra ciudad -en un registro que se mantiene estable desde hace veinte meses, con unos quince accidentes diarios que dejan el saldo de numerosos heridos- parece constituirse en un testimonio demasiado elocuente, como para que las autoridades y la sociedad misma no atinen a buscar fórmulas que reduzcan la enorme cuota de peligro que implica el uso de este tipo de vehículos.

Los datos ofrecidos a este diario por la dirección de Emergencias del ministerio de Salud detallan además que, por cada persona que muere en un accidente de moto, queda un promedio de entre dos y tres personas discapacitadas. Y que por cada herido grave, diez personas registran heridas leves.

A su vez, desde los centros de referencia en atención de víctimas de accidentes de tránsito en la Región (los hospitales, San Martín, San Roque de Gonnet y Alejandro Korn, de Melchor Romero), se apuntó otro dato: todas las víctimas tienen entre 17 y 35 años de edad. Y allí, las lesiones que más se atienden, derivadas de accidentes en moto son el trauma de cráneo y las fracturas de los miembros inferiores. Se advirtió, asimismo, que si en el pasado el accidente de moto era protagonizado mayoritariamente por varones, hoy las cifras se han emparejado y hay tantas víctimas entre los hombres como entre las mujeres.

Tal como se señaló, las características de las motos -mucho más baratas que los automóviles, de bajo consumo de combustible y poco costo de mantenimiento, prácticas para estacionar y dúctiles a la hora de salir de cualquier atolladero vial- las han convertido en vehículos preferidos por muchas personas.

Sobre todo para muchos jóvenes la moto se convirtió en un medio de transporte con una rápida salida laboral; para los mayores, en cambio, representa una buena opción de movilidad para ir y venir del trabajo y ahorrar el tiempo y el dinero que se gasta en autotransporte. De ahí que las de baja cilindrada son las de mayor demanda en la Región.

Sin embargo, no puede dejar de mencionarse el peligro que representan. En particular, si se observa el contexto de indisciplina general que impera en el tránsito, en una situación que, por consiguiente, reclama que se analice en profundidad el déficit de conciencia vial de no pocos conductores, sumado, claro está, a la facilidad para acceder a rodados sin una capacitación a tono con los peligros que su manejo supone.

No es un secreto que no pocas motos transitan haciendo picadas o zigzag, muchas de ellas, como los demás vehículos, sin respetar los semáforos en rojo, sin tampoco aceptar los derechos del otro, en una situación que no pocas veces deja a las claras la falta de preparación o de conocimientos de los conductores para desplazarse por la vía pública.

Sea como sea, recae una primera y gran responsabilidad sobre las autoridades de control del tránsito, que deben redoblar sus esfuerzos y su exigencia para lograr que se generalice la costumbre de tomar los recaudos recomendados. La mayor cantidad de motos en la Ciudad reclama que se adopten medidas preventivas, destinadas fundamentalmente a bajar las altas tasas de accidentes que exhiben estos vehículos.


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