EDITORIAL

Es necesario garantizar una mayor confiabilidad en el servicio eléctrico 



Al igual que en otras temporadas veraniegas -aunque en este año con una intensidad acaso mayor dada la sucesión de jornadas de calor agobiante- los vecinos de nuestra ciudad se ven obligados a convivir con reiterados, sorpresivos y penosos cortes de luz, en una situación que se traduce también en falta de agua domiciliaria, originándose así problemas de índole sanitaria extremadamente graves.

Durante estos días del fin de semana, vecinos de zonas distantes entre sí en la geografía platense vivieron la pesadilla de enfrentar temperaturas superiores a los treinta grados sin poder contar con ventiladores, equipos de aire acondicionado ni bebidas frescas, a oscuras y sufriendo por los alimentos y medicamentos que se conservan en las heladeras, tal como se detalló en la nota publicada en este diario.

Entre los barrios más castigados por los apagones y subas y bajas de presión recurrentes de las últimas jornadas se cuentan los de El Mondongo, Villa Elvira, Bosque Este, Barrio Norte y alrededores de plaza Belgrano, en cuyas viviendas suelen quemarse electrodomésticos y se plantean reclamos en forma permanente, en tanto que desde la empresa que distribuye la electricidad en la Región se comunicó que los inconvenientes se debieron a diferentes desperfectos en el tendido barrial y domiciliario.

De esta manera puede decirse que, una vez más, los servicios públicos esenciales -no sólo de La Plata sino de la Región- volvieron a exhibir una fragilidad estructural que, desde hace ya demasiados años, debiera haberse corregido. Cualquier emergencia climática, por débil que resulte, alcanza muchas veces para hacer colapsar las líneas.

Debería ser innecesario mencionar las secuelas que causan los apagones y cortes prolongados del servicio eléctrico, tales como pérdida de alimentos y medicamentos, incomunicación, incremento de los márgenes de inseguridad por la oscuridad reinante, interrupción de tratamientos para problemas de salud, entre muchos otros de enorme gravedad. Pero es necesario recordarlo porque el mantenimiento de las estructuras de los servicios con capacidades inferiores a las requeridas por la población obliga a sospechar que esos perjuicios no son debidamente tenidos en cuenta. Es evidente que la privación del servicio eléctrico -que a su vez conlleva muchas veces la falta de suministro de agua- se traduce en innumerables trastornos y riesgos para la vida comunitaria. Por otra parte, no debería dejar se señalarse también que, a los excesivamente prolongados cortes de energía, pueden sumarse habitualmente los serios daños que sufren los artefactos domésticos por subas y bajas de tensión, entre otras deficiencias.

Si a estas fallas estructurales se suman las derivadas de fenómenos climáticos, como en este caso la sucesión de jornadas con temperaturas muy altas, resulta impostergable que tanto las empresas responsables como el Estado extremen recaudos para garantizar no sólo una mayor continuidad del servicio sino, en su caso, el más pronto restablecimiento cuando se presenten las emergencias.


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