EDITORIAL

Será necesario garantizar un normal desarrollo de los festejos del Carnaval 



La renovada celebración del Carnaval, con actividades previstas para este año en la Plaza Moreno y en el barrio de Meridiano V, obliga a las autoridades a adoptar todas aquellas medidas propias de la organización que merecen estas festividades populares. Y al mismo tiempo, también las insta a actuar con prudencia a la hora de otorgar los distintos permisos que se requieren, ya que nadie ignora los incidentes, interrogantes y hasta sospechas que empañaron en muchas ocasiones la organización de los corsos.

abre comillasLa relación entre los recursos naturales y el dominio sobre las islas es constante. De hecho, han sido la causa del aborto de las negociaciones antes de la guerra del 82cierra comillas

Lo cierto es que, tal como se informó, se sucederán murgas, bailes populares, fuegos artificiales y proyecciones en vivo sobre la fachada de la Municipalidad, como distintas instancias de un programa de actividades con el que se espera concretar una fiesta multitudinaria para celebrar el Carnaval 2012, según anticiparon las autoridades comunales. A su vez, en Meridiano V, los más nostálgicos podrán participar de un festejo más tradicional.

Como se sabe, a partir del año pasado, un decreto del gobierno nacional volvió a instalar en el calendario los dos feriados que se habían asignado al festejo en 1956, suspendidos veinte años después. La decisión tomada tradujo en la aparición de renovadas expectativas sobre una fiesta que, sin dudas, vino declinando en las últimas décadas.

Desde luego que los carnavales fueron una de las más tradicionales fiestas populares, aunque luego decayeron, acaso por una carga creciente de agresividad que convirtió a los corsos en escenarios propicios para incidentes. Se llegó, por último, a una instancia de verdadera decadencia y abandono, a manos de las nuevas generaciones que no incorporaron el espíritu de los carnavales a su cultura.

También fue inocultable que, detrás del colorido de los corsos, se desarrollaron negocios redituables, pero abusivos. Se empezó a cobrar entradas a la gente, se instalaron kioscos de venta con costos mínimos y con precios de venta altos. Se permitió, muchas veces, el cercado de calles para la realización de estas fiestas sin consultar a los vecinos frentistas.

A su vez, la muy extensa duración de esas movidas, con música a todo volumen y el consiguiente suplicio de los ruidos molestos para los pobladores, fue uno de los problemas centrales, al que se añadieron daños colaterales como la suciedad que estas fiestas dejaban acumulada en calles, veredas y aún jardines particulares, entre otros trastornos e incidentes.

Pero también es cierto que los corsos pueden funcionar como alternativa para una ausencia notoria de fiestas populares en la Región, y por las cuales, evidentemente, un sector de la población tiene vocación. De allí la necesidad de que la Comuna profundice su política sobre estas expresiones, de manera de poder conjugar la vocación de una parte de la población por estas fiestas populares con los legítimos derechos de los vecinos afectados, y sin ceder exclusivamente a los intereses de algunos organizadores de estos espectáculos.


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