“Se sintió una explosión terrible -cuenta Teresa, quien se había subido al “tren de la muerte” en la estación de Ciudadela- yo me encontraba en el medio del furgón y toda la gente se me vino encima”.
La mujer, aún envuelta en un virtual estado de pánico, añadió que “en Floresta el tren ya se había pasado de la parte donde están los andenes y tuvo que retroceder”.
Lo mismo describió Elizabeth, quien comentó en estado de desolación que “inmediatamente después de sentir la explosión se rompieron los vidrios y comenzaron los gritos”.
Elizabeth también puntualizó el episodio sucedido en Floresta, ya que fue la estación en la que ella se subió. “Yo subí allí, y me di cuenta que el tren había tenido que retroceder, pero en ese momento no me importó, porque uno no se imagina que pueden pasar estas cosas”.
FRENOS, GRITOS Y ESTRUENDO
Fue también en Floresta donde se subió Cristian, otro de los pasajeros que ayer dijo ver la muerte de cerca. “Yo observé que el tren se tuvo que volver hacia atrás para que podamos subir desde el andén, porque se había pasado seguramente por no poder frenar. Y cuando estábamos llegando a Once, me di cuenta de que ya no estaba frenando e inmediatamente sentí como una explosión. Todos nos caímos arriba de otros. Yo me fracturé, pero todos los que viajaban se golpearon en algún lado”.
Otra mujer, Paulina, cuenta que no notó nada extraño en el andar del tren hasta el momento de la tragedia. “Para mí frenaba perfecto en todas las estaciones. Hasta que cuando llegó a Once directamente no frenó...”
La mujer, que se lastimó la pierna derecha, comentó que iba en el quinto vagón y que “de repente se sintió una explosión y todos se me cayeron encima”.
EL RESOPLIDO
Otro de los pasajeros que sobrevivieron a la tragedia contó que “yo había subido en Ramos Mejía y la verdad es que no noté nada raro, aunque no presté mucha atención porque los vagones venían muy llenos. Pero al entrar en Once, sí sentí como un resoplido, como si el tren estuviera forzando al máximo sus frenos de aire. Para colmo a esa altura ya mucha gente iba caminando por los pasillos hacia los vagones de adelante para ganar tiempo. Después fueron segundos, un sacudón tremendo y gente que se caía encima de otra. Yo iba en el tercer vagón, y ahora creo que me salvé de milagro”.
Oscar también viajaba en ese tren y se bajó en la estación Haedo. Pero su padre, que viajaba con él, continuó en el tren. Ayer, en medio de la desesperación, contaba que “ni bien me enteré del accidente comencé a recorrer hospitales pero todavía no pude encontrar a mi papá, que se llama Oscar Daniel González. Yo también iba en ese tren, y hasta que me bajé no noté ninguna anomalía en su funcionamiento”.
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