PUNTO DE VISTA

La escuela, “una cura” después de la tragedia  



Por ELENA DURO (*)

E l mejor lugar que tienen los chicos y los adolescentes para superar una situación traumática como fue la inundación en La Plata y zonas aledañas, es la escuela. El temporal tuvo efectos devastadores en miles de familias que sufrieron pérdidas económicas a gran escala y objetos de valor afectivo que difícilmente puedan recuperar. En algunos casos, los más traumáticos, enfrentan además la pérdida de un ser querido.

Es en este contexto que la escuela se vuelve un espacio único, tanto para superar el duelo que atraviesan los chicos como para traducir tristeza, temores y pérdidas en palabras y diálogos constructivos.

PROCESO CONTINUO

Luego de una crisis de esta envergadura, y pasadas las primeras semanas de respuesta a la emergencia, las acciones deben dar lugar a un proceso continuo para abordar los efectos posteriores en las familias y, fundamentalmente, en la infancia. Es necesario trabajar con los más chicos el trauma que implicó para ellos la inundación: restaurar con prontitud las clases, es la mejor y más urgente respuesta que el Estado -nacional, provincial y municipal- debe brindarle a la infancia, como garante indelegable de sus derechos.

El mejor lugar que tienen los chicos y los adolescentes para superar una situación traumática como fue la inundación, es la escuela

Si bien los salarios se incrementaron en la última década en forma sostenida, los docentes perciben una de las remuneraciones más bajas del sector público. En las semanas previas a la inundación, la provincia de Buenos Aires atravesaba un conflicto cuya magnitud impedía que alrededor del 36% de la población del país que estudia en establecimientos públicos asistiera a la escuela. Por razones similares otras provincias tampoco abrieron sus aulas a tiempo. Los reclamos gremiales por el derecho a un salario digno imponían la modalidad del cese de actividades vulnerando así otro derecho, el de la educación de los chicos.

NUEVO ESCENARIO

Hoy el escenario es otro. Otras son las urgencias y necesidades. Es imperioso alcanzar acuerdos entre los distintos niveles del Estado y sectores involucrados para dar prioridad a la educación, restaurar lo dañado y proteger los derechos de los chicos.

Pude observar y recorrer escuelas afectadas: las pérdidas son elocuentes. Bibliotecas, sillas, mesas, legajos de los alumnos, paredes, techos, libros, que hoy no están o están seriamente deteriorados. Allí mismo conversé con muchos docentes del nivel inicial, de escuelas primarias, secundarias y especiales que en este contexto de extrema dificultad, trabajan denodadamente junto a las autoridades para devolverles a los chicos sus vidas cotidianas, su estudio, sus amigos, sus proyectos.

En las aulas que recorrí de las zonas más afectadas faltaban aún muchos chicos para completar la clase. Por eso la convocatoria del retorno a la escuela debe sonar más fuerte, aunando distintos esfuerzos: aquí no sólo se necesita del gobierno educativo y de los docentes, sino también de los vecinos y la comunidad.

(*) Especialista en Educación de UNICEF Argentina