NESTOR MIGUEL GONZALEZ
Cayó en la última batalla
Una calle ensenadense lleva su nombre y su recuerdo flota como un ángel en la Agrupación Tradicionalista La Montonera que integraba con pasión
Por HIPÓLITO SANZONE

A Néstor González le encantaba bailar y todos lo recuerdan como un tipo muy alegre"De los veinte chicos de Ensenada que fueron a Malvinas volvieron todos menos él. De los cuatro alumnos del Colegio del Carmen que fueron a esa guerra volvieron todos, menos él. De los seis soldados que estaban en ese pozo sobrevivieron todos, menos él. ¿Estaba predestinado?. Yo creo que si, que estaba escrito que Néstor se tenía que quedar allá".

A los 66 años, sentado en el amplio comedor de su casa de la calle Bossinga cubierto de fotos y de recuerdos, Raúl González abre los brazos y vuelve a preguntarse, otra vez, por qué razón su hijo Néstor no volvió de aquella guerra a la que fue arrastrado con apenas 20 años y una vida llena de sueños por delante.

En el relato de lo que parece una suma de casualidades que terminaron cerrando la fatalidad que le tocó vivir, Raúl recuerda que a Néstor Miguel le faltaban apenas unos días para recibir la baja del servicio militar. Y recuerda que varios de sus ex compañeros del Regimiento 7, Compañía C, habían salido en la primera baja cuando se desató la guerra.

"La Compañía C fue la más castigada, fue la que recibió el fuego directo de los ingleses. Quizá si hubiese pasado algún tiempo más a Néstor le hubiese llegado la baja y todo lo que pasó no hubiese pasado. Pero ya ve, pareciera que estaba escrito su destino", reflexiona con voz pausada.

Durante la charla se acerca Elena, la madre de Néstor y mientras va y viene de la cocina al comedor le sugiere a su marido que muestre algunas de las fotos de su hijo, el poema gauchesco que le escribieron y algunos de esos tantos recuerdos que la familia atesora.

"¿Usted quiere saber cómo era Néstor?. Un pibe bárbaro, lleno de amigos, alegre, siempre de buen humor. El estaba aprendiendo el oficio de zapatero y estaba contento porque trabajaba en la zapatería de un cuñado nuestro", cuenta Raúl que asegura que para él los 25 años que pasaron desde aquellos días "fueron ayer".

Raúl y su familia han llenado la ausencia de Néstor con sus mejores recuerdos. Y entre ellos con uno que parece identificarlos a todos, incluso hasta los más chicos de los González: la pasión por el folcklore.

Es que Néstor era un "fanático", como define su padre, del tradicionalismo. "Con 20 años era miembro directivo de la Agrupación Tradicionalista La Montonera de acá de Ensenada. Bailaba, zapateaba, andaba a caballo. No se perdía una peña ni una guitarreada ni un desfile", cuenta Raúl mientras descuelga de la pared un cuadro donde se lo ve a Néstor en Plaza Moreno bailando el Pericón Nacional durante una celebración patria.

De una numerosa familia de amantes de la Tradición, integrada por sus hermanos Patricia (46), Juan (42), María Alejandra (36), Lucio (35) y María Inés (32), Néstor Miguel González era, como lo describe su padre, un apasionado de todo aquello que lo referenciara con el gaucho, su caballo, su modo de vida, su música y sentimiento por la Patria. Así se explica, quizá, que el contenido de sus cartas desde Malvinas hayan tenido el mismo perfil de optimismo que la realidad no hubiese permitido pintar. "En las cartas él decía que estaba todo bien, que no creyéramos en todo lo que se decía. Lo hacía para tranquilizarnos, para no mortificar a su madre", explica Raúl.

Como un eslabón más en esa cadena de fatalidades que envolvió a su hijo, Raúl cuenta que, curiosamente, las cartas de Néstor llegaron hasta casi el último momento de la guerra. "La última carta estaba fechada el 10 de junio y la recibimos el 12. Se ve que murió en la última batalla, antes del final de la guerra", calcula Raúl.

Los recuerdos se amontonan ahora en un mismo lugar y una misma noche. Es aquella de junio de 1982, en el Regimiento 7 de Infantería La Plata, en el predio de 19 y 51 hoy convertido en una plaza, un centro cultural y un bar con internet y donde pareciera que nada de lo que pasó hace 25 años hubiese pasado. Es la noche en que regresaban los combatientes, la noche de la incertidumbre, los gritos, los llantos, los camiones verdes y los colectivos de línea sacados de servicio para trasladar a los pibes que volvían. Es la noche de las sombras verdosas entre las que se mezclaban la alegría incontenible del reencuentro con la desesperación sin límites que disparaba la noticia de que el ser querido buscado no había vuelto.

Los González en pleno estaban aquella noche entre el gentío y a Raúl le tocó la durísima misión de decirle a los suyos lo que nunca hubiesen querido escuchar. "Al principio traté de fingir, les dije que me habían dicho que Néstor venía en la otra tanda, que no sabían por qué pero que en esta no estaba. Pero después no pude más y tuve que decirles la verdad. Que me habían dicho que Néstor había quedado allá, que había muerto en la última batalla".

Entre el dolor que siguió después se coló la bronca y la indignación ante la certeza, cuenta Raúl, de que algunos compañeros de Néstor figuraban entre los chicos que habían sido maltratados por algunos oficiales en el escenario de la guerra. "Un día le dije a un capitán: si yo llego a tener la mínima prueba de que a Néstor le hicieron algo, de que lo estaquearon como le hicieron a otros chicos, yo a ese oficial lo voy a buscar por cielo y tierra y lo voy a encontrar". Veinticinco años después Raúl siente algún alivio después de no haber encontrado ninguna prueba de que su hijo haya sido maltratado.

No hace mucho, después que los estúpidos de siempre robaran algunas placas de bronce y dañaran el monumento a los ex combatientes que hay en La Merced y Cestino, Raúl habló con el intendente Mario Secco para encarar, él mismo, la refacción. Y lo hizo con sus propias manos, con el alma y el corazón.

En el barrio ATEPAM, lugar al que la geografía de Ensenada ubica en Cestino y Güemes, una calle lleva el nombre del combatiente de Malvinas Néstor Miguel González. Es un motivo más de orgullo para una familia y para un pueblo que no lo olvida. Como no lo olvidan los amigos, los vecinos, los gauchos de La Montonera, los que compartían con él el malambo, el pericón y el sabor de la fiesta tradicionalista.

Néstor Miguel González tenía 20 años, un montón de sueños y pudo haber vuelto con los demás. Pero como dice su padre, su destino era combatir hasta el final y morir con honor en la última batalla.


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NESTOR MIGUEL GONZALES (11/5/1982)

Edad: 18 años

Oficio: Zapatero

Lugar en el que vivía: Bossinga Nº 5, Ensenada

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