RICARDO HERRERA
"Todavía me habla"
El soldado Ricardo Herrera recién había terminado el colegio Nacional de La Plata cuando murió en la guerra de Malvinas. Tenía 19 años y quería seguir estudiando en la facultad de Ingeniería, pero sólo alcanzó a dar el curso de ingreso. La historia de un chico que, según su madre, se tuvo que hacer hombre a la fuerza
Por FACUNDO BAÑEZ

En 1980 Ricardo se recibió de bachiller y comenzó a planificar su ingreso a la facultad de Ingeniería, pero la guerra le truncó el futuro"Cuando bajé del avión, allá en la isla, lo primero que escuché fue su voz. ¿Sabés qué me decía? 'Mami, por qué tardaste tanto en venirme a visitar?'".

Pasaron 25 años desde que Ricardo Herrera murió en Malvinas, pero su madre Nieves Bariviera lo llora y lo recuerda como si hubiese sido ayer. Sentada en el living de su casa de la calle 38, a Nieves le cuesta soltar las palabras y hace una fuerza tímida para no quebrarse. "Fui a las islas en el 2003 junto a otros padres, para hacer una misa. Y te digo la verdad: estaba allá y yo sentía que él me hablaba. Todavía escucho su voz. Fuimos con mi hermana y ella sabe de lo que hablo. Ella también lo pudo sentir".

La hermana de Nieves, Noemí, escucha el relato y asiente. También hace fuerza para no quebrarse: "Ricardo era un chico buenísimo -cuenta- Cualquiera puede decir que una lo dice porque lo quería, porque era su sobrino. Pero no: él era un chico muy sensible, muy maduro; querido por todos sus compañeritos del colegio Nacional. Y lo más notable: hasta el último día de su vida, trató de que su madre jamás se preocupara. Escribía cartas y decía que todo estaba bien, que acá nos quedáramos tranquilos. Desde allá nos daba ánimo para que pudiésemos seguir con nuestras vidas. Y pensar que tenía 19 años, nada más. Era un nene en medio de la guerra".

Las palabras de la tía Noemí tienen una continuidad asombrosa en las fotos que ahora Nieves empieza a mostrar. Son fotos de cuando Ricardo cursaba los últimos años del Nacional, apenas uno o dos años antes de ir a la guerra. Una con sus compañeros de división; otra de cuando cumplió los 16. Fotos sobre la mesa, y en cada encuadre hay un rosario que Nieves Bariviera acomodó prolijamente. En una de las instantáneas se lo puede ver recibiendo su diploma de bachiller. Impecable traje y sonrisa orgullosa. Está feliz, y sonríe en esa foto como lo que era: un pibe, apenas un adolescente empezando a ser hombre.

"Había hecho la colimba y ya tenía la baja -cuenta Nieves-. No tendría por qué haber ido; él ya estaba de baja y cuando lo llamaron estaba pensando en el ingreso a la facultad de Ingeniería. Había hecho el curso de ingreso y todo. Pero lo llamaron igual. Nos enteramos una mañana por la radio. Al principio pensamos que era algo de rutina, nada serio. Pero cuando nos quisimos acordar ya estaba arriba de los camiones que salían del Regimiento 7. Nadie entendía nada. Era una locura y nadie sabía bien qué era lo que estaba pasando en realidad. Ricardo tampoco sabía lo que le esperaba: era un pibe que se tuvo que hacer hombre a la fuerza".

Había nacido el 15 de octubre de 1962, tenía tres hermanos y una infancia de barrio tranquilo en su casa de la calle 38 entre 13 y 14. La primaria la cursó en la Escuela Nº10 y se recibió de bachiller en el Colegio Nacional en 1980 con uno de los mejores promedios, sobre todo por las altas calificaciones que obtenía de materias como física o matemática. "Los números le encantaban -recuerda su madre-. Siempre estaba haciendo cálculos matemáticos y esas cosas".

De los días en que Ricardo estaba en las islas Malvinas, Nieves Bariviera rememora la ansiedad infinita que empezaba a crecer cada vez que alguna carta o telegrama tardaba en llegar. Eran tiempos en los que no existían los teléfonos celulares y las puertas de la calle 38, como tantos otros barrios platenses, no necesitaban de llaves o dobles cerraduras para poder tener tranquilidad. La incertidumbre y el miedo, en este caso, venían en forma de ostentoso y desquiciado discurso castrense y mentirosa seguridad militar.

Nieves recuerda esos años como si los estuviera viendo. O más justo: como si los siguiera padeciendo. "El cartero entraba sin tocar timbre y gritaba en el palier: 'Islas Malvinas...' Entonces yo sabía que había alguna carta de Ricardo. Al principio me escribía diciendo que todo estaba bien. Que no me preocupara. Me daba ánimo y me pedía que fuera fuerte. Pero con el tiempo las cartas se fueron convirtiendo en telegramas y los mensajes empezaron a ser todos iguales: 'estamos bien, muchos saludos'. Nada más. Yo sabía que esos telegramas no eran de Ricardo; los escribían otras personas. Por ahí los oficiales. Ahí no había sentimientos, no había palabras, no había nada".

Al margen de cualquier fecha oficial -en el Regimiento 7 figura el 11 de junio de 1982-, ni Nieves ni su hermana Noemí saben hasta el día de hoy cuál fue el día verdadero en que murió Ricardo. A decir verdad, se enteraron la tarde en que fueron a recibirlo al Regimiento 7. Y según cuentan, fue esa la tarde más triste de sus vidas.

"Nos habían dicho que Ricardo tenía que llamar porque había vuelto al continente -cuenta Noemí-. Esperamos y esperamos pero nunca nos llamó. Seguimos esperando y nada. Entonces fuimos a averiguar al Regimiento y nos dijeron que tenía que volver a 20 y 50 porque en teoría estaba vivo. Fuimos a buscarlo ahí una vez que llegaban camiones con soldados pero otra vez nada. Entonces nos dijeron que en realidad Ricardo nunca había vuelto al continente: estaba muerto en las islas".

Mientras escucha a su hermana, Nieves se muerde el labio y trata de agregar algo. Pero no puede. En la casa de la calle 38 ahora todo es silencio y en el silencio hay dos mujeres que hacen fuerza por no llorar. Se quedan con la vista clavada en las fotos. En ellas, la cara de sonrisa tímida y algo pudorosa de Ricardo sigue intacta. Luce joven como siempre. Traje de estudiante impecable. Peinado de prolija raya al costado. Mirada alegre y silenciosa con puntual envío al futuro. Fotografía de pibe que se hizo hombre a la fuerza.

Y su madre, que 25 años después todavía le sigue escuchando la voz.


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RICARDO HERRERA (11/6/1982)

Edad: 19 años

Oficio: Hizo la primaria en la Escuela Nº 10 y cursó el secundario en el Colegio Nacional de La Plata. En 1982, antes de ser convocado a la guerra de Malvinas, había dado el curso de ingreso a la facultad de Ingeniería

Lugar en el que vivía: 38 entre 13 y 14, La Plata

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