Homenaje de los lectores


NESTOR MIGUEL GONZALEZ - 1982- 2 DE ABRIL -2002 Un combatiente que no volvió
Por Ivana S. Sayos (1er. Año Polimodal A.R.S)
"Con apenas 20 años y toda una vida por delante, el soldado clase 62 Néstor Miguel González partió un 14 de abril con el Regimiento 7 de Infantería de La Plata. Aquí, en Ensenada, se festejaban las Pascuas Criollas en La Montonera, agrupación tradicionalista a la que pertenecía y donde desarrollaba tareas culturales, como la danza folklórica.

De profesión zapatero, estudió apenas dos años del secundario en la escuela Nuestra Señora del Carmen de Tolosa. No le gustaba mucho el estudio, pero sí comenzó a trabajar desde los 14 años y lo hizo con esmero. En aquella época había trabajo, o por lo menos él lo consiguió. Con su padre y sus cinco hermanos (era el segundo de seis) vivían en la llamada "cinco esquinas" de Ensenada.

Cuando la guerra comenzó, le faltaba pioco tiempo para irse a casa, ya que había hecho todo el servicio militar y se iba en la última baja... No pudo: el deber lo llamó primero. Se pudo haber quedado en la zapatería del cuartel, pero no quiso parque tenía que desplazar a un compañero y eso no estaba en sus principios. Mientras tanto aquí quedaron su familia, sus amigos, sus afectos, su trabajo.

Desde las Islas sus cartas llegaban con dificultad; según lo que contaba faltaba papel, sobres, lapiceras. No solo eso, también... instrucción militar, armas, comidas, abrigo. Tampoco llegaban las cartas, ni las encomiendas que sus familiares y amigas les enviaban.

Según decía en sus cartas, se alimentaban de ovejas: "les cuento que volvió el auge de los corderos y ahora con mas fuerzas. Yo, la verdad, no sé cómo aguantar, porque la forma de comerlo acá, es frito en la misma grasa, así que se pueden imaginar como es. Cuando vuelva le voy a pasar la receta a papá, yo se que a él le va a gustar".

Siempre en sus cartas daba aliento a sus familiares: "Que aquí no pasa nada, por el momento esta todo tranquilo, salvo la bolilla que se corre del desembarco" (inglés) (Carta del 21/5/82 Puerto Rivero, Isla Soledad, Islas Malvinas).

Nunca se olvidó de los cumpleaños estando en la isla. Saludó en sus cartas a su padre y a su hermano "Chingolo" (como le decía), en mayo "Ante todo y antes de que me olvide quiero desearle un feliz cumpleaños a papá y, si no me equivoco, hoy es el cumpleaños de Chingolo. Un beso a los dos, cuando la vuelva la vamos a poder festejar aparte" (carta del 23/5/82).

Así era él. Siempre esperando. No imaginaba el fin que tendría, pero su destino estaba marcado.

En su última carta, recibida por sus padres, saludaba también a su madre por su cumpleaños. En esta decía que los ingleses habían desembarcado, que los combates eran bastante lejos de donde él estaba y que si llegaban solo le quedaría "Sacar una banderita blanca, porque somos los últimos que entraríamos en combate" (carta del 8/6/82)

Pero no fue así: El 14 de junio, cuando la rendición llega, según comentarios de sus compañeros a los familiares, en la retirada, no les avisaron que la guerra había terminado y siguieron combatiendo. Él cae herido por una ráfaga de ametralladora inglesa y su cuerpo es alcanzado por una bomba.

Nunca mas regresó. Nadie aviso a sus familiares, que lo esperaban entre los que volvía. Nunca tuvieron su cuerpo. Quedo allá, como una centinela cuidando su fuerte. Es una cruz blanca más en aquella tierra firme. Es una herida que no cierra, que nunca cerrará que se abre cada vez que se lo nombra en cualquier momento familiar. Cada 2 de abril. Cada 10 de Junio.

Hoy al cumplirse 20 años de aquel gesto heroico, tío, aunque no te conocí, este es mi homenaje". Ivana.

"Para realizar esta nota, Ivana apeló a la memoria de sus familiares especialmente la de su mamá Patricia, hermana de Néstor".


A la familia Herrera

"Sólo quiero mandar un abrazo a la familia Herrera, ya que fui compañero de Ricardo Herrera en el colegio Nacional. Jugábamos juntos al fútbol en el colegio y tengo un gran recuerdo de él.Lamentablemente cayó en Malvinas. Un fuerte abrazo a la familia y a todos los ex- compañeros del Nacional especialmente a Píscopo, que también estuvo en las islas y volvió". Gabriel Tettamanti


ENSENADA, 2 de Abril de 2006
Querido hermano

"Después de tantos años de extrañarte, hoy soñé con vos. Nunca me había pasado. Te soñé como muy pocas veces recuerdo haberte visto, de a caballo.

¿Querrá decir algo este sueño? Te soñé vivo. Pero no de cerca, sino, que > te veía a lo lejos. ¿Y dónde? En La Montonera, en el campo. ¿Será que así es tu vida hoy?.

Pensaba vestirme de oscuro para este homenaje, pero no. Fue más fuerte que yo el deseo de recordarte con alegría, sin tristezas. Será que estoy cansada de que sólo los recuerden cuando llega este día, 2 de Abril.

Será que deseo justicia, porque lo de ustedes también fue terrible. No fueron desaparecidos. Ustedes están enterrados allí, en ese lugar tan inhóspito, tan sin nada. Ustedes fueron torturados con el frío, el hambre, la soledad, la indiferencia. Recién ahora me atrevo, pero con el rabillo del ojo, a mirar documentales de Malvinas. Temía ver tu cara aparecer en ellos. Ahora me gustaría verte.

Tal ves será que ya maduró mi tristeza, mis ganas de que vuelvas, de que estés vivo. En algún lugar, sin memoria, pero bien. Sin acordarte de nosotros, pero bien. Tuve esa fantasía muchos años.

Pero hoy, con ese sueño, supe que tengo que dejarte ir. Pero quiero que sepas una cosa: SIEMPRE, SIEMPRE, SIEMPRE ESTARÁS EN MI CORAZÓN".

PATORA* (*) Así me decía mi hermano Néstor.


Hermanos ausentes
A 24 años de la gesta


La señora Elba Massobrio envió la siguiente poesía
Muchas alas en el cielo hoy perduran,
Altas ellas, con bella gallardía
Los anhelos de aquellos vivientes,
Volverán a posarse algún día.
Incansables las mentes solo idean,
Nuestro fiel retorno codiciado;
Abrazando tu hielo ya fecundo,
Sobre un suelo por héroes bien regado.
Algo falta cumplir en nuestra Patria,
Ruego a Dios el valor a mis hermanos,
Grito al mundo tenerte entre mis manos,
En un blanco y celeste sol radiante.
Nos retumban los oídos por tus gritos,
Trueno eterno de un llanto desgarrado,
Imagino un abrazo a tu figura,
Nunca antes por un pueblo reclamado.
Ahora falta solamente que se vuelvan ,
Sin corona, con el orgullo y soberanas.-

Eduardo Massobrio, 2 de abril de 2006

Una carta distinta

Carta enviada por María Eugenia, 17 años
Esta es una carta distinta a las demás. Que tiene una fecha, pero refleja muchos años; y no tiene un único destinatario, porque es para muchos, para todos.

Es una carta que habla de historia; que habla del pasado, este presente y un posible futuro. Una carta que habla de Paz y de guerra; de justicia e infamias. Que trata de mentiras y verdades. De patriotismo y de codicias individuales; de Vida y de muerte, de la memoria y los recuerdos, de la identidad; pero también del olvido, la indiferencia y el anonimato. Seguro traerá molestias y penas, reabrirá heridas cerradas o avivará las que nunca pudieron sanarse. Y pido perdón por eso. Pero simplemente no pude dejar de escribirla, es una deuda hacia un recuerdo, que no es mío, pero al que le debo mucho. A un deseo que trato de apaciguar y no puede dejar de existir, ni quiero perder.

Una deuda a la historia que me precede, y no es solo mía. A la memoria de un país que pocos conservan. Una deuda al patriotismo, hoy en día agonizante y olvidado, que solo perdura en aquellos que verdaderamente lo han sentido y defendido… contra la indiferencia, la discriminación y el desamor…

Hoy, hace ya 25 años, llegaba a su punto culminante, y aparentemente final, la parte de nuestra historia. Hombres de traje y corbata, decidían, en un intento desesperado por mantenerse en el poder, iniciar la lucha contra los invasores ingleses de las islas del Atlántico Sur, una espina que atormentaba, inconsciente y vanamente, el alma orgullosa del pueblo argentino. Y es que la vanidad del pueblo es indetectable, hasta que es atacada… Pocos conocían algo siquiera de las islas antes de la llegada de los ingleses, y pocos estaban al tanto de la invasión (mucho anterior a marzo de 1982), pero los grandes jefes sabían del sentimiento popular respecto a ocupación de Malvinas. Ese dos de marzo, fueron hombres y niños al campo de batalla; argentinos que no buscaban más que la defensa de la que ellos consideraban su casa, la patria que era su hogar. ¿Hay, acaso, un sentimiento más noble y fuerte que el sentir que uno podría hacer la diferencia para su país? ¿Hay un orgullo más grande del que te impulsa a defender esa justicia a la que llamamos patriotismo? En ese momento, el miedo de una dictadura era superado por la fuerza del saberse útil, necesario; el saberse capaz de proteger lo que todos consideramos nuestro, a consta de la vida misma.

Yo no se si lo que siento es patriotismo; no se si las lágrimas que derramo o si el dolor que siento cada vez que se habla de Malvinas es verdaderamente patriotismo. Yo nací en una época donde caretas y máscaras cubren los rostros y los corazones las personas; los vuelven impávidos, ciegos, sordos y mudos; de piedra, vacíos ante el sufrimiento y el pasar ajeno. No todos son así; pero hay máscaras que envuelven el alma de las personas (y aquí me incluyo) temerosos de mostrarnos como somos, nos desalientan en cuanto a si debemos actuar o no, nos atan a una piedra que nuestras propias inseguridades han moldeado y que a la nuestra cobardía nos mantiene sujeta. Hoy yo escribo desde el anonimato de una carta, porque me es imposible verlos a la cara sin sentirme fuera de lugar, débil, sin la suficiente fuerza para sostener la mirada de una persona que ha defendido aquello que yo todavía no encuentro, la tierra que yo considero mi hogar, a la que amo e idolatro, pero a la que todavía no he podido devolverle todo aquello que me ha dado, aquello que esos hombres, ustedes, han protegido.

Fue una guerra que para unos representó la fuerza y el patriotismo argentino; y para otros, simplemente una cruenta lucha de intereses individuales (de los respectivos dirigentes, argentinos e ingleses, para asegurar y perpetuar su poderío), donde vieron morir a muchos, padres, hijos, esposos, amigos, en definitiva “hermanos”, por su bien y el de toda la patria, pero en representación de hombres que nunca dieron la cara las cuales, una vez finalizada la batalla, voltearon con descaro, y cubrieron con frías medallas. Para mí, la guerra no fue más que una excusa de un grupo de hombres para ‘mostrar’ una fuerza que únicamente creían tener, pero que solo les valió para mandar a unos soldados a una difícil batalla en la que sus propios comandantes no quisieron participar, una batalla que no quisieron enfrentar cara a cara, desestimando el valor de las palabras.

Yo siempre me he sentido mal cuando se habla de Malvinas (la guerra en general). Muerte, destrucción, impotencia y fracaso… Es muy doloroso pensar en las secuelas que ha dejado esa guerra: es una herida abierta y agonizante en la historia y en la memoria de la Argentina, que no quiere cerrar, que no podemos, ni debemos cerrar, ni olvidar. Porque en el olvido de nuestra historia, esta el error de volver a caer en la desesperación y el horror. Olvidar lo ya vivido, nos hace perder nuestra identidad, y nos conduce al anonimato, al ‘no ser’. Ninguno olvida lo que nos enseñaron nuestros padres sobre como caminar, porque gracias a ello hemos podido avanzar y crecer y sortear esos difíciles obstáculos que la vida nos pone en el camino, y, al mismo tiempo, preservando nuestra memoria, nos hacemos de una gran aliada para no volver a tropezar ni cometer el mismo error. Entonces, ¿Por qué empecinarnos en marginar nuestra historia?, ¿por qué apartar de nuestros corazones el recuerdo de lo que se vivió en esa época a un momento y a un rincón de nuestras casas, de nuestro corazón?... nos estamos arriesgando a vivir, a sufrir, la misma caída de esa época por una tendencia al despego del ‘ser argentino’. Ya hace más de 6 meses que Jorge Julio López está desaparecido, testigo y víctima de esa misma generación nefasta, ¿acaso es más fácil el olvido a la memoria?

A todos los que combatieron en esas tierras yo les quiero decir: “Gracias.” Gracias por luchar en nombre de ‘todos’; Gracias, porque a pesar de que yo aún no había nacido -(nací en 1989)-, se enfrentaron a una fuerza mayor para defender lo propio, esta tierra que amo. Gracias por ser un ejemplo de vida, de valor, de coraje, de agallas, de ímpetu, arrojo, fuerza, decisión… de verdadero y puro amor a la patria. Gracias por enseñarme el verdadero valor de una vida, el valor que tiene y debe tener, para cada uno de nosotros, el suelo en que uno hace, la tierra que uno quiere. Y también les quiero dar las Gracias (y pedir perdón) por todo el dolor que el mismo pueblo (y gobierno) argentino les hizo sufrir: la desfachatez, la indiferencia, el desamor, la frialdad, el despego a la lucha y hacia ustedes, la apatía, la impasibilidad hacia su causa y su estado pos guerra, su sufrimiento y sus sentimientos.

No se si mis palabras sirvan de algo, espero que sí. Espero poder transmitirles, aunque sea un poquito, fuerza y valor para sobrellevar este momento. Sinceramente mi sueño es llegar a ser una persona que valga como tal, deseo ser útil para mí patria, para las personas, para alguien. Deseo ser alguien en la vida, merecer la vida que se me ha dado y que han protegido. Gracias a mis padres, a mi familia, a ustedes, he aprendido muchas cosas, sin embargo, la más importante, fue(es): no rendirme, luchar por aquello en lo que creo y por lo que estoy dispuesta a dar todo de mí, pero valorando la vida que tengo, porque es única, valiosa, y por sobre todo, mía.

Muchas Gracias, María Eugenia

P.D.: “25 años no son nada para el sentimiento y la memoria… pero una eternidad para la injusticia”

“(…) Rompa el manto de neblinas/ como un sol nuestro ideal las Malvinas, Argentinas/ en dominio ya inmortal. Y ante el sol de nuestro emblema / pura, nítida y triunfal ¡Brille oh Patria!, en tu diadema/ la Argentina perla austral (…)”   Carlos Obligado

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