Platenses en el agua

Más de 200 personas cruzaron el Río de La Plata a bordo de veleros de la región, rumbo a Colonia del Sacramento, Uruguay, en un fin de semana a puro deporte y naturaleza. Por Laura Rómoli

Nadie perdió en la Regata Galván. A pesar de la competencia de 36 barcos que cruzaron el Río de La Plata para llegar desde esta ciudad hasta Colonia del Sacramento en el mejor tiempo posible, el sol radiante, la camaradería, el asado entre amigos y una vigilia para coleccionar anécdotas y encuentros, convirtió a los 200 participantes del certamen en dueños de un victoria absoluta y colectiva de un deporte que se practica en familia.

Carlos Galván le dio nombre a la regata que desde hace 18 años cruza el Río de La Plata en el mes de noviembre, después de haber entregado su vida al Yachting y convertirse en uno de los navegantes más importantes de La Plata. Su familia, heredera de su espíritu, formó toda una descendencia de nautas a quienes en el Club de Regatas los saludan diariamente para recordarles que "El Becho", como le decían a Galván, los formó en la navegación. Colonia del Sacramento, República Oriental del Uruguay, es el derrotero de los platenses participantes del encuentro.

Los platenses disfrutan los deportes náuticos, como la vela menor y mayor, el canotaje y la natación, en el Río Santiago, en la Bahía del Fuerte Barragán, donde se encuentra el ensenadense Club de Regatas La Plata, y sus afluentes, el arroyo Doña Flora, donde está el Club Náutico de Ensenada y El Saladero, donde se encuentra el Club Náutico de Berisso, para luego cruzar el Río de La Plata con destino a Uruguay en varias ocasiones del año, en regatas y competencias, en lo que para muchos ya es una tradición.

A pesar de los anuncios de mal tiempo 200 personas se embarcaron el pasado sábado en 36 veleros para competir y divertirse en familia y con amigos, desafiando un viento norte de entre 13 y 16 nudos. Algunos corredores que se habían anotado en la regata desistieron por el pronóstico que anunciaba tormentas, sin embargo las nubes que encapotaron el cielo se fueron disipando al paso de las horas. “Mejor, sino el sol a pleno nos hubiese matado la piel”, reflexionaban algunos en la lucha por ponerse la mayor cantidad de pantalla posible.

Tres barcos de 30 y 33 pies ganaron los primeros puestos. A bordo de ellos iban tripulantes profesionales: Ignacio Giammona, Guillermo Arrondo y Juan Pablo Cadario corren en Europa,Chile y Brasil y lucieron su destreza divertidos. El resto de los navegantes los saludan, los admiran, los citan con honor de que ellos compartan la salida con los amateurs. “Este deporte viene de familia”, comenta Juan Pablo Cadario. “Navego desde chico porque mi papá navegaba.

Todos los que estamos acá nos conocemos desde siempre porque nuestros padres nos traían y nos hicieron crecer en el club”, agrega. Guillermo Arrondo destaca también el valor del tripulante del Río de La Plata en el resto del mundo: “se crió, aprendió y navegó en aguas bravas; por eso suele ser bueno”, explica.

El río más ancho del mundo dista mucho de las aguas tranquilas que pueden ofrecerse en el Paraná u otras aguas donde se practica Yachting, y ofrece características que preparan al tripulante para el desafío de la navegación marítima, situación en que las olas pueden alcanzar los 3 metros.

El resto de las embarcaciones platenses compiten en las regatas de la zona y practican el deporte de manera amateur. "Lo que más rescato es esto del encuentro con amigos que hace mucho que no veo, pasarla bien, navegar para divertirme en contacto con el río. Si obtengo el primer puesto o el último no me parece lo más importante", dice Sergio Pizzatti, el capitán de "El Misterio", barco ganador del certamen.

Más allá de los premios y menciones y clases y categorías, los tripulantes platenses cruzaron el río para el brindis de arribo, que se llevó a cabo en el quincho del puerto, sucursal del Club Regatas La Plata, donde un asado de 100 kilos coronó la velada que, para los más jóvenes, terminó en los bares de la histórica ciudad.

El trabajo de la mañana siguiente comenzó temprano, cuando ya entre las 8 y las 9 los veleros emprendieron el regreso hacia La Plata. Los baños en el río, los encuentros en los cockpit de las popas y una afectuosa reunión con cena y tango dejó 200 corazones reconfortados que volvieron con cada tripulante hacia sus hogares para que el tedio del lunes sea combatido con el sabor de un buen recuerdo.

Con el “Misterio”, el “B 612” y el “Baccareca”, el “Carmen”, el “Falucho”, el “Pacífico II, el “Jaque” y el “Maestro III” como ganadores en sus respectivas clases, un fin de semana de deporte y naturaleza había concluido. Con los ánimos calmados, los tripulantes evaluaron qué hizo bien y mal cada uno para poder, la próxima, correr con mejor performance. Atardecía, era hora de volver a los hogares, de bañarse y prepararse para comenzar nuevamente la semana hasta la próxima.

TAREAS COMPARTIDAS

Cada barco tiene su capitán y su tripulación. Hay que trabajar para ganarse el mérito de poder subir a un velero y navegar. Siempre el que más sabe, el que comanda la cuestión es el capitán, aunque muchas sean las discusiones sobre el rumbo y sobre la maniobra que debe ejecutarse para aprovechar mejor el borneo, el vire del viento que puede hacer ganar un tramo al adversario.

Las tareas están repartidas. Cada tripulante tiene su rol: algunos hacen la banda y se ocupan de los molinetes y de la vela mayor, ubicada en el centro de la cubierta; el más ágil tiene siempre el puesto de proel, navega desde la proa, maniobrando la spinnaker o la genoa, a veces colgándose del palo para poder acomodar el paño y los cabos, y es quien, en los días de tormenta, debe amarrarse primeramente con el arnés.

Además, está el timonel, quien desde la popa no debe desaprovechar en absoluto las mañas del viento que pega “en los trapos” y permiten el desplazamiento del barco. Alguien va siempre indicando lo que dicen las cartas de navegación, las coordenadas, los grados que indican el rumbo y el destino, a través de un GPS.

“Se corre para ganar”, es una frase común a cualquiera con quien se hable. Pero no es lo único. Ningún “perdedor” se vuelve de esas competencias con las manos vacías. Se trae entre los dedos un pedazo de asado con amigos, la invitación de un barco a otro para la conversación, los chistes, las anécdotas; una salida a los barcitos de la pintoresca Colonia para escuchar música y ver algún espectáculo compartiendo con los pares y “uniendo mesas”. Todos se traen naturaleza y camaradería, todos se prestan herramientas, se dan consejos, se empapan de náutica, que no es otra cosa que “una comunión del espíritu con la naturaleza”.

“Hay algo en el agua que te va moldeando y te va ayudando a moldear tu carácter”, dice uno de los organizadores de las regatas, Sergio Márquez. Un barco es una superficie reducida, de entre 6 y 10 metros cuadrados, donde los tripulantes tienen que estar conviviendo varias horas, en algunos casos, varios días, dependiendo de adónde sea la regata y está en la habilidad del capitán en predisponer a toda esa gente a convivir en armonía, a poder realizar la habilidad que tiene cada uno dentro del barco.

Quien sepa cocinar, se dedicará a eso, otros se encargarán, una vez en puerto, de ordenar algunas cosas; habrá quien tendrá que hacer alguna pequeña reparación en la navegación, otro estará más atento a lo que pase en el agua, como ver los cambios de viento, alguna señal que vaya mostrando los cambios en las corrientes; otro podrá ir atento a la radio o a ver cómo están navegando los otros barcos.

EL TERCER TIEMPO

El compartir es parte fundamental de este deporte. “La gente festeja mucho el tercer tiempo, el poder transmitir lo que cada uno vivenció a bordo del barco, y como a nosotros nos gusta tanto el asado, comer un costillar a leña en Colonia es parte del encanto de cruzar en flota, tanto es así que desde que los hacemos la cantidad de inscriptos en las regatas se ha triplicado”, explica Márquez.

“La náutica te transporta a un ámbito de pasiones, a un ámbito de vivencias, que lo transimtis a la gente que te rodea toda la semana. Yo soy abogado y hay veces qe tengo que realizar tareas intelectuales muy tediosas, pero si el fin de semana fui a navegar, el lunes puedo escribir de todo”, agrega el platense.

El capitán del “Maestro III” define al deporte como “la ejecución de los sentimientos más puros del alma. Es aprender a lograr una armonía entre vos, el medio, tu barco y la naturaleza. Y esa armonía vos la vas a volcar en todos los ámbitos de la vida”.