FRANCISCO PASCASIO MORENO
Aventurero y héroe nacional

por Héctor L. Fasano


Nació el 31 de mayo de 1852 en la ciudad de Buenos Aires y falleció en la misma, el 22 de noviembre de 1919, cuando tenía 67 años. Fue un auténtico idealista que se mantuvo fiel a los ideales de su infancia y de su juventud, ideales que constituyeron el motor permanente de una acción continuada hasta los últimos días de su vida. Por su consagración a la tierra donde nació y a su gente, fue calificado como prototipo de argentinidad. Por el amor, la generosidad y el desprendimiento que caracterizaron todos los actos de su vida, movido por una pasión noble y encumbrada, es considerado un héroe civil de la Nación.

Pedro Luis Barcia, en el prólogo del libro "Perito Francisco Pascasio Moreno. Un héroe civil", expresa lo siguiente. "Moreno fue un hombre prócero; valores como la integridad, el sentido patriótico, la idea de identidad nacional, la soberanía en varios terrenos, no solo el geográfico, el sentido ascético personal por su país, la capacidad de donación de sí, estuvieron encarnados en él".

Murió pobre; siempre trabajó por y para su patria y todo lo que recibió como recompensa lo devolvió para fundar el primer parque nacional de la Argentina, o vendiendo sus derechos de propiedad para la creación de escuelas, comedores escolares, hogares maternales y guarderías infantiles. Poco antes de morir escribió: "No puedo dormir pensando en lo mucho que hacer por la grandeza y defensa a nuestra patria ¡Qué duro es saber que la vida se acorta tan ligero! Pero ¿no es más duro vivir sin servir...?"

Teodoro Roosvelt, ex presidente de los Estados Unidos de América, que visitó nuestro país en 1918, dejó este testimonio escrito: "Usted ha realizado una obra que solo un escasísimo número de hombres de cada generación es capaz de llevar a cabo". Efectivamente: el legado que Moreno ha dejado al país es inmenso. No solo sus ideas y el ejemplo de su vida, sino también sus extraordinarias obras: el Museo de La Plata, sus trabajos como explorador y defensor de la soberanía nacional en las regiones australes y como perito en la cuestión limítrofe, que permitieran ampliar las fronteras de la civilización y de la ciencia, y significaron la incorporación a nuestro patrimonio de más de 250.000 km2 de tierras prácticamente desconocidas. Y en los últimos años de su vida, con perfiles diferentes: como filántropo, educador, sociólogo, humanista, legislador.

La vida de Moreno y sus obras pueden ordenarse en dos etapas. La primera que se extiende desde su nacimiento, 1852, hasta 1903, año en que se firma el Laudo Arbitral del rey de Inglaterra Eduardo VII; y la segunda que abarca el período comprendido entre 1903 y 1919, año de su fallecimiento. Durante la primera etapa transcurren la niñez y adolescencia de Moreno y el principio de su juventud (1853-1869); comienzan sus exploraciones personales (1874-1880), proseguidas más tarde con comisiones integradas por científicos y técnicos del Museo de La Plata, por él coordinadas y dirigidas. El 19 de noviembre de 1888 el Museo de La Plata, del cual fue su director hasta 1906, se abre al público, y entre 1896 y 1903 Moreno actúa como Perito Argentino en el diferendo limítrofe con Chile.

Su niñez y adolescencia reviste singular importancia ya que los tres objetivos fundamentales de su vida: el museo, "un sueño de niño", como él lo calificara, su pasión por la Patagonia y su deseo de resolver pacíficamente, con argumentos científicos, los problemas de límites con Chile, fueron concebidos ya en esta primera etapa de su vida. Su afán por coleccionar se manifestó desde niño, pasión heredada sin duda, nos dice Moreno, de una vieja tía abuela que todos los años llegaba en su carreta desde Colonia de Sacramento, a la casa de sus abuelos en San José de Flores. Allí, ante el asombro de los niños presentes, extraía de una gran arca sus maravillosos tesoros que había almacenado durante su largo y lento viaje.

Una serie de acontecimientos que se encadenan permiten ir incrementando sus colecciones hasta que, en 1872, cuando la familia residía en Parque de los Patricios, su padre decidió construir un edificio apropiado el que se denominó Museo Moreno.

Entre los acontecimientos más importantes que tuvieron lugar, y contribuyeron a concretar este objetivo, merecen especial mención dos de ellos: uno, la atención cordial y respetuosa que el sabio paleontólogo, Dr. Germán Burmeister, Director del Museo Público de Buenos Aires, dispensó a Moreno. Relación que, a pesar de la diferencia de edades -Moreno tenía 18 años y Burmeister 63- se transformó en una sincera amistad. Para concluir con la semblanza sobre este período de su vida no pueden dejar de mencionarse tres hechos muy significativos. Uno, el de la epidemia de fiebre amarilla que se desató en Buenos Aires en 1870. La familia Moreno, como muchas otras, se alejó de la ciudad. Fue a residir cerca de Chascomús, en la Laguna Vitel, en el establecimiento de un tío político, Leonardo Gándara. Aquí, durante más de cuatro meses, Moreno actuó como un auténtico explorador; y cuando retornó a Buenos Aires lo hizo con un cargamento de 40 cajones, que contenían restos fósiles y objetos diversos. Después de ser ordenados y clasificados, con el apoyo invalorable del Dr. Burmeister, fueron exhibidos en su flamante Museo.

Sus colecciones fueron elogiosamente comentadas en una publicación de la Revue d´Antropologie de París (1872), dirigida por el famoso científico Dr. Pablo Broca (1824-1880), fundador de la Escuela de Antropología, quien vaticinó un futuro brillante para el joven Moreno. Esta etapa se cierra con el viaje que realizó, en 1873, a Carmen de Patagones, y que constituyó su bautismo como explorador.

Entre 1874 y 1880 Moreno realiza cuatro exploraciones personales. Su concepto al iniciar la primera de ellas, al lago Nahuel Huapi, lo expresó así: "Esta expedición la emprendo solo, acompañado de algunos indios. Las grandes expediciones no siempre dan buenos resultados, está probado que más vale la exploración práctica de un país por un solo hombre que por muchos unidos. Cuando los indígenas ven hombres armados, tratan siempre de impedirles el paso. Además, no es lo mismo proveer de alimentos a veinte o treinta hombres que a uno, a quien acompañan gentes prácticas en estos terrenos".

Durante estas exploraciones Moreno recorrió más de 15.000 km por tierra, a pie y a caballo, y 1200 km por mar, ríos y lagos. Demostró tener aptitudes sobresalientes; coraje y audacia sostenidos por una gran resistencia física. No en vano se ganó la admiración y respeto de los indios -a quienes él también mucho respetó- que lo calificaron Huinca (cristiano) toro Moreno, o Valiente toro Moreno, máximos calificativos ponderativos usados por ellos. Los peligros y los padecimientos físicos y morales que soportó fueron muchos; más de una vez estuvo al borde de la muerte. Sobre todo en su última exploración, en la que permaneció prisionero de los indios por 15 días, hasta lograr fugarse en una balsa precaria, junto con sus dos compañeros, por el río Limay a lo largo de 8 días. Cuando llegó en tren a Buenos Aires debió ser bajado en una camilla porque no podía caminar y debió guardar reposo por 4 meses.

Apenas Moreno se hace cargo de la Dirección del Museo de La Plata, expresa lo siguiente: "El Museo, aparte de su misión específica como instituto puramente científico, debe servir a una causa verdaderamente nacional: al mejor conocimiento de la geografía física del país y de las riquezas de su suelo". Fue así que, con la colaboración del Gobierno Nacional, entre 1893 y 1895 se realizaron diversas exploraciones, integradas con personal científico y técnico del Museo, orientadas principalmente al estudio de regiones donde la demarcación de límites ofrecía dificultades, en especial las regiones de la Puna de Atacama, desde su límite con Bolivia hasta San Rafael, Mendoza. Y en 1896 se realiza una expedición monumental, que se inicia en enero y se prolonga hasta junio, calificada como una de las más espectaculares de la historia de las Ciencias Naturales del país, por el avance del conocimiento de esas extensas regiones. Cinco comisiones integradas por veinte científicos y técnicos exploraron durante seis meses la zona cordillerana, recorriendo 7.155 km y relevando un área de 170.000 km2 entre San Rafael, Mendoza y el lago Buenos Aires, Santa Cruz.

Moreno considera que la fecha de iniciación de su museo se remonta a un día de julio de 1867, en que junté en el fondo de Palermo las piedrecillas que a la larga serían la base del Museo de La Plata. Esta colección primitiva, exhibida en el mirador de su casa paterna ubicada en la esquina de Bartolomé Mitre y Uruguay, va aumentando con otros materiales obtenidos en sus expediciones a la laguna Vitel, donde la familia se había instalado durante la epidemia de fiebre amarilla en 1871.

Posteriormente la familia se traslada a Parque de los Patricios, donde el padre, en 1872 resuelve construir un edificio adecuado para museo con una superficie de 200 metros cuadrados. Con las colecciones provenientes de sus exploraciones personales, realizadas entre 1874 y 1880, la capacidad del museo quedó colmada. Moreno entonces resuelve, en 1877, donar sus colecciones al Museo Antropológico y Arqueológico de la Provincia de Buenos Aires. En 1884 se aprueban los planos del edificio del Museo de La Plata y Moreno es designado Director del mismo; entonces, las colecciones de la Provincia de Buenos Aires se incorporan al flamante museo, que abre sus puertas al público el 19 de noviembre de 1888, sexto aniversario de la fundación de La Plata. Para 1890 ya era famoso y desde múltiples sectores, científicos y extracientíficos llegaban elogios y ponderaciones, ubicándoselo entre los cinco primeros del mundo.

En 1896 las relaciones entre la Argentina y Chile estaban muy comprometidas; Moreno aparecía como una figura indiscutida para ocupar la delicada función de Perito. Por ello, apenas regresó de la exploración emprendida con gente del Museo -junio de 1896- el presidente de la República, José E. Uriburu le ofreció el cargo de Perito Argentino, que Moreno aceptó convencido de poder prestar servicios útiles al país. Fueron siete años de trabajos intensos y de profundas preocupaciones. Poco después de ser designado, en enero de 1897, partió rumbo a Santiago de Chile. Para ganar tiempo, cruzó la cordillera a lomo de mula, acompañado por su esposa y cuatro hijos, y su secretario, Clemente Onelli.

En 1898, en la reunión en Santiago de Chile de Peritos de la Oficina Internacional de Árbitros se pusieron en evidencia diferencias tan profundas que imposibilitaron llegar a un primer acuerdo. Ante esta situación Moreno concibió un propósito osado: reunió a los presidentes de Argentina y Chile para instar a sus representantes a que procuren resolver estas cuestiones en forma pacífica. Su gestión fue exitosa y el 15 de febrero de 1988 se realizó la histórica reunión en el Estrecho de Magallanes. Comienza entonces un período de debates ordenados. Moreno, durante casi dos años, reside principalmente en Londres donde actúa como asesor geográfico de la Comisión Argentina. Por fin en 1902 se firma un Acuerdo Previo y en 1903 los miembros de las comisiones de los tres países comienzan a recorrer la Cordillera para la colocación de hitos.

En 1903 Moreno termina su función como Perito y en 1904 se reintegra como Director del Museo de La Plata. En 1906 presenta su renuncia a este cargo y pasa a vivir con su familia en su quinta de Parque de los Patricios, en la manzana ubicada en Pedro Echagüe 2750 (hoy Cátulo Castillo), entre Catamarca y De Luca. Tenía la intención de dedicarse a escribir a la sombra de su querido aguaribay. Pero no pudo ser así; el destino le deparó una sorpresa.

Moreno decidió dejar abiertos los portones de su quinta, para que los niños de los barrios pobres vecinos pudieran entrar y llevarse los frutos de los árboles. Conversa con ellos, y advierte que muchos están mal alimentados y, además, no concurren a la escuela. Comienza entonces a servirles un plato de sopa diario y unos panecillos. Esto no lo conforma; piensa que además hay que enseñarles a leer. Como no tiene recursos, vende las tierras que le quedan de las otorgadas por el gobierno y construye una gran cocina, un comedor, un aula y una habitación para el maestro. Nacen así las Escuelas Patrias, mantenidas con sus recursos durante varios años, donde son atendidos hasta 200 niños por día.

Moreno ha de continuar con sus exploraciones, pero en lugar de recorrer desiertos, lagos, ríos y montañas, explora tierras incógnitas, anegadas la mitad del año y donde pulula la miseria.

En 1910 Moreno jura como Diputado Nacional -era Presidente entonces Roque Saenz Peña- cargo para el cual había sido elegido años antes. Recién lo hizo cuando su programa de atención social y educación a los niños desamparados fue incorporado al Patronato de la Infancia. Su actuación legislativa fue brillante; presentó, acompañado en ocasiones por otros diputados, siete proyectos de ley, de rigurosa actualidad. Varios de ellos fueron transformados en ley muchos años después, como el Proyecto de extensión de líneas férreas en Patagonia, concretado en 1931.

Cuando a mediados de 1913 fue propuesto para ocupar el cargo de Vicepresidente del Consejo Nacional de Educación, resolvió aceptarlo y, en consecuencia, renunciar como Diputado. Tres años estuvo en el Consejo y durante este período promovió y logró que se aprobaran importantes iniciativas, entre ellas las escuelas dominicales para adultos que no conocían nuestro idioma.

En 1914 presentó un proyecto titulado Alimentación de niños menesterosos, donde se reafirman los derechos que asisten a los niños y la obligaciones inherentes al Estado para garantizar su ejercicio pleno. Si el Estado obliga al niño a concurrir a la escuela, el niño tiene derecho a que lo alimente cuando sus padres no están en condiciones de hacerlo. Este fue su último cargo público; no obstante como simple ciudadano, en los últimos años de su vida, y aún en sus últimos días, siguió pensando en su país.

En 1917 escribe una extensa nota al Ministro de Agricultura, Dr. Honorio Pueyrredón, preocupado por el mal uso de los recursos naturales de nuestras tierras y de las fáciles concesiones que se otorgan. Una semana antes de su muerte escribe una carta al Ing. Frey, su amigo y colaborador en los años que actuó como Perito, poniéndolo en conocimiento de que piensa hacer un viaje hasta el lago Nahuel Huapi, para concluir el levantamiento topográfico de toda la zona. Como no tiene recursos, piensa costear su viaje con la venta de algunos cuadros, y le pide la devolución de su máquina fotográfica. Pocos días antes de su muerte solicita una entrevista con el presidente Yrigoyen, preocupado por la falta de información del gobierno sobre la Patagonia. El 20 de noviembre de 1919 es invitado al acto de celebración del fin del año lectivo de la escuela de Barracas, de la cual fue su protector. En esa ocasión es invitado a participar en una excursión con alumnos por el Delta, en su conocido vapor Vigilante. Prometió su asistencia, que no pudo cumplir; la muerte lo sorprendió un día antes, el 22 de noviembre.

Conocido su deceso, la ciudad se movilizó para rendirle homenaje; amigos, comisiones de maestros y de niños de las escuelas, de los Boys Scauts, intelectuales y científicos del país y del extranjero, instituciones de Europa y América estuvieron presentes. En cambio, de parte de las autoridades nacionales hubo un vacio inconcebible: su muerte fue ignorada.


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