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 domingo | 10.02.2008  Actualizado: 02:07

CELIACOS

La enfermedad desconocida 

Al menos 1 de cada 143 personas son celíacos, pero el 90% de ellas no lo sabe. Muchos pasan su vida aquejados por trastornos graves que atribuyen a otras causas

A sus treinta años y a punto de casarse, Margarita Hollman pasó de ser una mujer saludable a sufrir un serio deterioro físico: pesaba 45 kilos y vomitaba todo lo que comía. Comenzó a perder cabello; su dentadura parecía la de una persona mayor; vivía con sueño y no tenía fuerzas ni para subir una escalera. Tuvo que consultar a siete médicos antes de que la diagnosticaran como celíaca. Era el año 1982 y entonces se pensaba que sólo 1 de cada 840 personas padecía esta enfermedad en nuestro país. Hoy se sabe que son por lo menos 1 en 143 y su número crece año tras año.
abre comillasPese a que mucha gente cree que se trata de una enfermedad de la infancia, 'la celiaquía se puede despertar en cualquier momento de la vida'cierra comillas


La celiaquía es una enfermedad mucho más extendida de lo que creen la población, el mercado e incluso algunos médicos. Según la Asociación Celíaca Argentina, ya habría en el país unas 400 mil personas que la padecen. Y de ellas, tal vez menos de 40 mil lo saben.

Sucede que esta enfermedad en muchos casos suele confundirse con otras y hasta no presentar síntomas evidentes. Aún así no deja de ser peligrosa. De no tratarse, con los años puede evolucionar en algunos casos hacia complicaciones severas o la muerte de quienes la sufren.

Cuando presenta síntomas, éstos pueden ser diversos: vómitos, diarrea crónica, dolor y distensión abdominal, pérdida de peso, irritabilidad, depresión, decaimiento, caída de cabello, problemas en la piel, deficiencia en el crecimiento de los chicos, abortos espontáneos en las mujeres, impotencia en los hombres e infertilidad en ambos sexos, por mencionar algunos.

Señales de la enfermedadLo notable es que, pese a todo lo grave que puede llegar a ser y los enormes trastornos que provoca, la celiaquía se controla sólo cambiando los alimentos que consumimos. Basta eliminar algunos de ellos de nuestra dieta, reemplazándolos por otros, para que todos los síntomas desaparezcan.

"'Tire a la basura los remedios y empiece una dieta sin glúten', me dijo el médico que finalmente me diagnosticó. En poco más de un mes yo era otra persona", recuerda Margarita Hollman, quien como todos los pacientes con celiaquía se encuentra sujeta a estrictas limitaciones alimentarias de por vida. Antes de su diagnóstico, ella había perdido un embarazo; hoy es madre de cinco varones. "Parece que la dieta dio resultado", bromea al comentarlo.

A CUALQUIER EDAD

El más frecuente los trastornos alimentarios de origen genético, la celiaquía consiste en la intolerancia permanente e irreversible al consumo de glúten, una proteína presente en ciertos cereales. Es así que el trigo, la avena, la cebada y el centeno -alimentos que la poseen y son saludables para la mayoría de las personas- resultan muy dañinos para los celíacos.

"El intestino delgado normal está recubierto de unos 'pelitos', que se ocupan de absorber los nutrientes de los alimentos. En las personas celíacas, esos `pelitos' se atrofian por efecto del glúten y en consecuencia pierden la capacidad de absorción", explica Eduardo Cueto Rúa, pionero en el estudio pediátrico de este mal y jefe del Servicio de Gastroenterología del Hospital de Niños de La Plata.

Como resultado de esa pérdida en la capacidad del intestino, los celíacos suelen como mínimo sufrir anemias por falta de hierro durante toda la vida. Pero además enfrentan un riesgo mayor de desarrollar enfermedades asociadas como diabetes, tiroiditis, osteoporosis, artritis y complicaciones graves como el cáncer de intestino delgado.

Sin que este riesgo sea menor para ellas, hay personas celíacas que no presentan síntomas evidentes. "Alguien puede vivir por años sintiendo sólo cierto cansancio y ni se imagina que tiene que ver con la tostada que come todas las mañanas", comenta Cueto Rúa.

Así hasta que en cierto momento la enfermedad se manifiesta.

Pese a que mucha gente cree que se trata de una enfermedad de la infancia, "la celiaquía se puede despertar en cualquier momento de la vida", señala Martín Viola, médico de la Unidad de Soporte Nutricional y Enfermedades Malabsortivas del Policlínico San Martín.

Entre los chicos con predisposición a desarrollarla, los primeros síntomas suelen presentarse alrededor del año, "cuando dejan el pecho de mamá y reciben las galletitas de la abuela; en los adultos, entre los 30 y los 40, con frecuencia a causa de alguna situación de stress. Pero encontrarse fuera de estas franjas etarias no garantiza tampoco que la enfermedad no vaya a manifestarse. Se dan casos en todas las edades.

"UN MODO DE SER"

¿Pero cuál es la causa de la enfermedad? Se sabe que en personas genéticamente predispuestas, una sustancia presente en el glúten que actuaría como disparador del sistema inmunológico en ciertas personas. De ahí que se considere a la celiaquía un mal autoinmune: es el propio organismo el que, "por error", reacciona contra esta sustancia como si fuera un veneno en lugar de un alimento, y se daña a sí mismo.

Por tratarse de un trastorno genética resulta frecuente que si en una familia aparece un caso haya también otros. Los parientes de primer grado (padres, madres e hijos) tienen entre un 5 y un 10 % más de posibilidades de padecerla. De ahí que los exámenes de sangre para detectarla sean una rutina entre los familiares de las personas con celiaquía.

Pero ante todo, estos exámenes resultan fundamentales para cualquiera que se reconozca en alguno de los síntomas de la enfermedad celíaca.

"El diagnóstico oportuno y una dieta estricta y de por vida convierten lo que puede ser una grave y aún mortal enfermedad en algo que se parece más a un modo de ser", dice Cueto Rúa al referirse al único tratamiento para la celiaquía: dejar de comer todo alimento que contenga glúten de trigo, avena, cebada y centeno.

Una vez iniciado ese tratamiento -coinciden médicos y pacientes-, la reversión de los síntomas suele ser rápida. La irritabilidad se esfuma y el apetito mejora. En algunas semanas se recupera el peso y decrece la diarrea. Varios meses después, los chicos vuelven a crecer y la hinchazón abdominal desaparece. Los resultados de los análisis de sangre se normalizan por completo.

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