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Séptimo Día |ESTO QUE PASA

Obama para niños

Por PEPE ELIASCHEV

Obama para niños

Obama para niños

13 de Septiembre de 2009 | 00:00
WASHINGTON.- ¿Es imprescindible hablar de la Argentina para hablar de la Argentina? Convencido de que no siempre lo evidente es lo importante, esta semana pido la dispensa de lectores y editores para proponer, a miles de kilómetros de distancia de Buenos Aires, un ejercicio de esperanza, ficción y fantasía.

Lo hago motivado no solo porque escribo esta columna desde los Estados Unidos y de manera personalizada, apelando a un lenguaje coloquial que no es el habitual mío en estas páginas, sino porque, además, creo que lo que relataré importa mucho para la Argentina, aunque el episodio sucedió en otro país y se relaciona con otras circunstancias.

Clic para ampliarEl lunes 8 de septiembre, el presidente Barack Obama pronunció un discurso en un liceo secundario cercano a esta capital, el Wakefield High School de Arlington, en la vecina Virginia. Lo hizo para dirigirse a centenares de miles de estudiantes de este gigantesco país, una nación continental que cruza cuatro husos horarios, y habló por radio e Internet para que sus palabras fueran seguidas (siempre y cuando cada escuela así lo estableciera) desde niños de jardín de infantes hasta alumnos de duodécimo grado, el último del ciclo secundario, o sea para chicos de 4 años como para adolescentes de 17.

Quien esto firma admite no encontrar antecedentes de tamaño emprendimiento en ninguna parte del mundo, no solo porque Obama habló para esa muchedumbre de menores, sino por lo que les dijo y las ideas con que los confrontó.

No les contó que ir a clase es siempre lindo y maravilloso. Recordó que cuando era joven vivió varios años con su familia en Indonesia y que su madre no tenía el dinero para enviarlo al colegio al que iban todos los chicos norteamericanos en ese país asiático: "Así que decidió darme lecciones extra ella misma, de lunes a viernes, ¡a las 4,30 de la madrugada! Como se imaginarán, no me hacía nada feliz levantarme a esas horas y muchas veces me quedaba dormido ahí mismo en la mesa de la cocina. Pero cada vez que me quejaba, mi madre me miraba con esa manera que tenía de mirarme, y me decía, "¡mirá, nene, tampoco para mi esto es un picnic!".

Lejos de presentarse como un alumno modelo, el presidente de la nación más poderosa del mundo se describió esa mañana ante esa muchedumbre de niños y adolescentes con conceptos de inusitada fuerza, como alguien que hizo un enorme esfuerzo en la vida para llegar adonde llegó, una persona con su cuota propia de equivocaciones y, sobre todo, suficientemente audaz como para pedir sacrificio, esfuerzo y trabajo a quienes solo parecen recibir invitaciones a no hacer sacrificios, no esforzarse y no trabajar.

En pocas palabras: el mensaje de Obama fue la contraparte exacta de la demagogia "juvenilista" de quienes pretenden seducir a los menores desde las propuestas menos exigentes y más sensuales.

Les habló como si fueran sus pares, les confió lo que los Estados Unidos esperaban de esos estudiantes al comenzar el nuevo año escolar y -sobre todo- se metió con la idea de responsabilidad, no solo de los estudiantes, sino de los docentes, "para inspirarlos y empujarlos a que aprendan", y de los padres, "asegurarse de que sus hijos estudien, hagan sus deberes y no se pasen cada hora del día frente a la TV o con los jueguitos electrónicos".

¿Les hablaba desde un púlpito, como si su vida hubiera sido siempre ejemplar? Todo lo contrario: "sé que no siempre es fácil que a uno le vaya bien en el colegio, sé que muchos de ustedes tienen desafíos en sus vidas ahora mismo, que pueden dificultarles concentrase en sus tareas escolares. Lo entiendo, sé de que se trata".

DIFERENCIAS

No me imagino a un presidente argentino diciendo esto: "mi padre abandonó a mi familia cuando yo tenía dos años y fui criado por una madre soltera que a veces luchaba para pagar las cuentas y no siempre podía darnos las cosas que los otros chicos tenían. Hubo épocas en las que extrañé mucho no tener un padre en mi vida, épocas en las que me sentía solo y nada me parecía posible".

Obama admitió que "hice cosas en mi vida de las que no estoy orgulloso y me metí en más problemas de los que me debería haber metido y mi vida podría haber derivado muy fácilmente a situaciones peores". Lo dice el presidente norteamericano y se los dice a millares de niños y adolescentes a los que no recrimina, sino orienta y aconseja.

Aparece en las palabras de Obama un concepto casi inexistente en el lenguaje político argentino, la idea de las obligaciones, con tanta o mayor fuerza que la noción de los derechos: "tuve suerte, tuve muchas segundas oportunidades y la posibilidad de entrar en la Universidad, inscribirme en la Facultad de Derecho y tratar de hacer realidad mis sueños".

Estudiar es -claro- un derecho, pero además es un privilegio, y así lo asume Obama, que además les contó a los estudiantes norteamericanos que Michelle Obama, su mujer, viene de una historia similar: "Sus padres no pudieron ir a la Universidad y no tenían muchas cosas. Pero ellos y Michelle trabajaron duro, de modo que ella pudo acceder a las mejores escuelas en este país".

Otra vez el modelo definidor y diferente: en lugar de quejarse, trabajar duramente; en vez de lamentarse todo el tiempo, aprovechar las oportunidades, a cambio de exigir siempre derechos, hacerse cargo de las obligaciones. Dicho y hecho por un matrimonio de negros que no sólo no nacieron en cuna de oro, sino que vienen bien de abajo.

Aparece así el nudo del concepto con que Obama desafió a los jóvenes de su país: "Podemos tener los docentes más dedicados, los padres más contenedores y las mejores escuelas del mundo, pero nada de eso importará a menos que ustedes asuman sus responsabilidades, a menos que vayan a clase, presten atención a esos profesores, escuchen a sus padres, sus abuelos y otros adultos, y hagan el esfuerzo duro que hay que hacer para tener éxito".

Para Obama es imprescindible empezar asumiendo la responsabilidad que tiene cada uno para consigo mismo. Piensa que la educación provee la oportunidad de que cada uno descubra lo que tiene para ofrecerle a la vida. "Ustedes tienen esa responsabilidad con ustedes mismos", les disparó.

No satisfecho con esa apuesta, Obama fue de claridad colosal: "No importa qué es lo que quieran hacer con sus vidas, yo le garantizo que necesitan estudiar para conseguirlo". Presidente y político, Obama les puso más piedras en las mochilas: "lo que hagan ustedes con su educación decidirá nada menos que el futuro de este país. Lo que hoy están aprendiendo en el colegio determinará si nosotros como nación podemos afrontar los mayores desafíos en el futuro".

¿Para qué estudiar? No fueron ambiguas sus exigencias: se necesitan conocimientos y destreza para resolver problemas, desarrollar nuevas energías y proteger el medio ambiente; profundidad y pensamiento crítico para combatir a la pobreza y la falta de vivienda, "creatividad y audacia para fundar nuevas empresas que crearán nuevos empleos y potenciarán nuestra economía".

A medida que Obama les hablaba a los jóvenes, era posible advertir la mezcla fecunda de optimismo y rigor, grandes ideales e invitación al esfuerzo. Les mojó la oreja, fría y deliberadamente, algo que sería insólito en la Argentina, donde normalmente se acaricia sin condiciones, sin garantía, sin límites y se asegura sin matices.

Les dijo Obama: "necesitamos a cada uno de ustedes para desarrollar nuestros talentos, habilidades e intelectos, de modo que puedan ayudar a superar nuestros problemas más difíciles. Si no lo hacen, si abandonan sus estudios, no sólo se estarán abandonando a ustedes, sino que estarán abandonando a nuestro país".

En la mirada de Obama "las circunstancias de sus vidas, qué aspecto tienen sus cuerpos, de dónde vienen, cuánto dinero tienen, lo que sucede en sus casas, no son excusas para dejar de hacer los deberes, o tener malas actitudes, ni para contestarles mal a sus profesores o abandonar el colegio". Esas excusas para no intentar un cambio no sirven, les dijo el presidente de los Estados Unidos.

CONTINUIDAD

Obama hereda una profunda idea norteamericana: el lugar que uno ocupa hoy en la vida no prefigura nuestros destinos. "Nadie les ha fijado su destino de antemano. Aquí, en los Estados Unidos, cada uno diseña su propio destino. Ustedes son los dueños de su propio futuro". Esa es la idea: afrontar los desafíos sin rendirse, asumir la responsabilidad de la educación y fijarse metas personales.

Como John F. Kennedy hace 47 años, Obama les pidió a los jóvenes que se pregunten de qué manera contribuirán al país, qué problemas habrán de resolver, qué descubrimientos harán, "qué dirá un presidente que venga a esta escuela en 50 o 100 años de lo que ustedes hicieron por este país".

Se despidió sin anestesia, después de comprometerse a que habrá libros, laboratorios y material para todas las escuelas. "Espero que este año sean serios, que pongan su mejor esfuerzos en todo lo que hagan. Espero grandes cosas de cada uno de ustedes. No nos fallen, no les fallen a sus familias o a su país. Hágannos sentirnos orgullosos de ustedes. Yo se que pueden".

Cuando Obama terminó sus palabras, el extranjero que lo escuchaba pensaba en la Argentina, esa tierra donde todos tienen derechos y muy pocos asumen responsabilidades. Si algún presidente habla y actúa así alguna vez, ese sería el momento en el que la Argentina estará dejando de ser un país en permanente promesa y crónica frustración.


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